La vejez llega inexorablemente a todo ser viviente; en especial a los humanos. Actualmente se nos llama adultos mayores y en los países sajones, “senior citizens”. En estos se nos trata con respeto y hasta consideraciones especiales; en Guatemala, en la mayoría de casos, con malos tratos y hasta con desprecio. En nuestro medio, a menos que se tenga la dicha de tener cierta posición o solvencia económica, llegar a la vejez significa una condena a una vida de estrecheces, enfermedades y miseria. A causa de diversos factores, no contamos con planes de retiro decorosos como sucede en otras latitudes. Aquí, pasar de los 40 años representa no poder volver a conseguir trabajo; vea usted cualquier anuncio buscando personal para cualquier posición y préstele atención al requisito de edad. Condena al desempleo. Por eso, también es digna de reconocimiento “nuestra Muni”; va mi felicitación para el alcalde Arzú y su corporación municipal que proporcionan trabajo a una buena cantidad de “viejitos” a quienes no solamente les dan la oportunidad de ganar su sustento, sino que también les levantan su autoestima al sentirse útiles y tener una ocupación. La edad no es obstáculo para que una persona pueda rendir una labor útil a la sociedad y, en cambio, cuenta con la madurez y la experiencia necesarios para desempeñarse mucho mejor que otros más jóvenes.
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