Correr una maratón, bajar treinta libras, ser el empleado del año, dejar de fumar, dedicar tiempo a los hijos, olvidarse de la comida chatarra, leer un libro al mes, viajar a lugares exóticos, salir de deudas o ahorrar la mitad del sueldo, entre otros, pueden ser algunos de sus propósitos para 2008.
Según Saravia, un ejercicio muy efectivo es pararse todos los días frente al espejo y preguntarse, dejando de lado el físico, por las necesidades específicas de ese día en particular, y a partir de ellas plantearse metas. Estos objetivos, aunque pequeños, serán realistas y aplicables a esa vida específica. Licenciada Ruby Saravia ACT (American Board of Hypnotherapy) Teléfono: 2333–7202.
Año nuevo, vida nueva, así dicen, pero vale recordar que se trata solo de otro inicio de año y no del fin del mundo. “Quien formula propósitos de año nuevo se enfrenta a conflictos con él mismo. Dejar de comer está en conflicto con su deseo de comida. Si alguien desea mantener sus propósitos, debe aprender a cooperar consigo mismo”, afirma Raúl Suárez, del nuevodiario.com.ni. El secreto está en entender que los objetivos deben ser individuales, personalizados. “Alguien que no hace ejercicio, no debe proponerse correr una maratón”, dice la psicóloga clínica Ruby Saravia. “Y otro que trabaja, tiene niños, casa y todo lo que ello conlleva, no puede pretender ahorrar la mitad de su sueldo, porque aunque le quedara libre, en la vida siempre hay imprevistos”, agrega. Lo mismo con el peso, es mejor perder las libras de más paulatinamente, y no de golpe, pues suelen recuperarse igual de pronto.
Otro error en el que caen muchos es imponer propósitos a sus hijos o cónyuges. Pensar que un niño haragán puede convertirse en el mejor alumno, o que uno sedentario será de repente un gran deportista es ser poco realista y solo generará estrés entre padre e hijo. “Una meta excelente sería encontrar tiempo y voluntad para ir introduciendo a los pequeños en actividades deportivas, para que poco a poco vayan tomándole el gusto. Los niños suelen tener metas claras relacionadas con el estudio, y no necesitan presión adicional”, comenta Saravia. Las personas cambian de hábitos por una decisión consciente y personal, y no por presión de otros.
Pocos se plantean a inicios de año cultivar su espíritu o velar por su salud emocional y mental, cuando se sabe que de esto depende en mucho la felicidad del ser humano. “La salud del espíritu no es sinónimo de religiosidad, es hacer paz consigo mismo, aceptarse con virtudes y defectos, conocerse mejor, y los propósitos deberían girar en torno a ello. Se puede hacer meditación, ir a yoga, asistir a un grupo de apoyo o incluso al psicólogo. Para los creyentes, asistir a misa o al servicio religioso con regularidad es una meta excelente”, concluye Saravia.
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