En 1952, Simone de Beauvoir vivía con el escritor Nelson Algren el romance innecesario (Sartre era el “necesario”) más apasionado de su vida. Tenía 44 años y era una mujer dueña de una belleza serena, bastante más atractiva de lo que su arreglo y vestuario quería darnos a entender y se encontraba en lo mejor de su producción literaria e intelectual.
Hay muchas fotografías que nos muestran a la autora de El segundo sexo en esa época: fría, distante, introspectiva, al lado de Sartre, con quien discute, fuma o toma un vino en el Café de Flore. La instantánea más curiosa, sin embargo, es la que el fotógrafo estadounidense Art Shay le robó –literalmente- en su apartamento de Chicago, mientras De Beauvoir lo visitaba por algunos días junto a Algren: Simone acaba de salir de la ducha, se arregla el pelo frente al espejo del lavabo, mientras, desde la puerta entreabierta, Shay dispara su cámara sobre la espalda y las nalgas desnudas de la gran ideóloga del feminismo moderno.
De acuerdo con Algren, Simone tomó con buen humor y como un halago la travesura de Shay. Lo que no puede decirse de las integrantes del colectivo feminista Choisir, para quienes la fotografía de su indiscutible guía es poco menos que maldita. Indignadas frente a la decisión de Le Nouvel Observateur –el semanario francés fundado por Sartre– de mostrar la instantánea en la portada del número homenaje por los cien años de su mentora, consideran que la foto “no ilustra en nada” el pensamiento, la filosofía y el legado de la escritora, y que demuestra la voluntad de la revista de “instrumentalizar con fines puramente comerciales el cuerpo de las mujeres”.
A los 44 años, guapa, inteligente, enamorada, divertida y desenfadada, Simone de Beauvoir de seguro pensaba todo lo contrario.
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