Corría el año 1308 cuando Felipe IV de Francia mandó secuestrar al Papa Clemente V, obligándolo a trasladar su residencia de Roma a Aviñón para tenerlo así bajo su jurisdicción. Siete papas vivieron en esta encantadora ciudad durante 70 años, momento en que se restableció en Roma el papado único… aunque esa es harina de otro costal.
La crónica de esos tiempos nos cuenta que una de esas santidades aviñonesas tenía gran preferencia y cariño por una preciosa mula, bella y además tranquila para su monta. Después de las vísperas del domingo, el buen Papa, cabalgando su mula, inspeccionaba el viñedo de Chateau-nef, situado en los alrededores de la ciudad. Y era así como recibía el buen pastor los vítores de sus súbditos, arremolinados, para verlo pasar.
Sucedió que un día de tantos se presentó ante el Papa a pedirle empleo, y bien recomendado, un chaval que obtuvo así el trabajo de caballerango a cargo del cuido de la mula, puesto que hábilmente había sabido ante el pontífice ensalzar las cualidades y belleza de la noble bestia. Sin embargo, le bastó al malandrín asegurar el trabajo para dedicarse a atormentar con todo tipo de maldades a la pobre mula, y ello a espaldas del Santo Padre, quien ignorando esta inaceptable conducta seguía apoyando a su recién protegido.
Y con el pasar de los meses, siendo mejor intrigante y cortesano que petisero, logró nuestro personaje ser enviado a Nápoles para recibir el entrenamiento adecuado para tornarse chambelán del Santo Pontífice.
Siete años más tarde el chaval regresó a Aviñón a asumir sus nuevas obligaciones , y he a continuación lo que sucedió, historia que aún perdura en los archivos de la antigua ciudad papal. La ceremonia de nombramiento de chambelán se llevó a cabo en la bella plaza central del palacio papal, circulada esta por amplios corredores en alto, de donde el público podría admirar la pompa de los actos públicos programados. Ese mediodía, bajo un sol esplendoroso y con la presencia del Papa, cardenales y altos dignatarios diplomáticos, hizo el chaval y de acuerdo al protocolo su entrada al lugar de la confirmación ante la admiración de las damas presentes, puesto que era buen mozo e iba bien vestido para tan fasta ocasión… y ahí se hallaba también la mula bastante envejecida, no solo por el tiempo transcurrido sino también, y sobre todo, por el rencor acumulado durante tan largo tiempo.
Sucedió que para tomar su lugar protocolario previo al inicio de tan esperado acto tuvo el futuro chambelán que pasar por detrás y cerca de la mula. Y fue en ese preciso momento en que la bestia descargó todo el rencor acumulado en los últimos siete años al propinarle tal coz al malandrín que al disiparse el polvo levantado por la fuerza del golpe nadie pudo encontrar ya al protegido del Papa, que se había totalmente desintegrado por los aires.
Fue sin duda una coz eclesiástica, de la cual han adquirido el secreto con el correr de los años los viejos políticos desengañados.
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