La economía de EE.UU. está transitando de una desaceleración hacia una recesión.
Mario Fuentes Destarac
Todo apunta a que la economía de EE.UU. está transitando de una desaceleración hacia una recesión, o sea a una importante contracción de la actividad económica, que, en dos platos, se traduce en retraimiento del consumo, desinversión y desempleo. A estas alturas, a ninguno escapan los factores dinámicos de la crisis económica estadounidense (debacle del mercado hipotecario, encarecimiento del petróleo, déficit fiscal y pérdida de confianza del consumidor), que, inexorablemente, está contaminando a las economías del mundo entero, debido a que, en mayor o menor medida, interactúa con todas.
La crisis financiera estadounidense ya se está sintiendo en América Latina, a través de importantes caídas en las bolsas y de una creciente incertidumbre que se ha generado entre los agentes económicos en la región.
Resulta lógico, entonces, anticipar que la economía guatemalteca se verá afectada por la recesión estadounidense. Debería esperarse, como mínimo, una disminución de los precios de nuestros productos de exportación, así como una reducción del monto de las remesas familiares, que, inequívocamente, son los factores dinámicos de la economía nacional.
Para contrarrestar la depresión económica estadounidense, se ha venido reduciendo la tasa de interés y ya se están anunciando reducciones de impuestos a la inversión y al consumo, así como devoluciones de impuestos a los contribuyentes. La intención detrás de estas medidas es estimular la formación de capital productivo y rehabilitar la maltrecha capacidad de compra.
Algunos gobiernos latinoamericanos, como México, han decidido enfrentar la contracción que se cierne sobre sus economías, a base de un importante incremento del gasto público, especialmente en infraestructura física, que es la receta tradicional. Sin embargo, este tipo de medidas son insuficientes para compensar el daño que puede causar la pérdida de fuentes de trabajo y la caída del consumo.
Asimismo, podrían ser contraproducentes ya que debe tenerse presente que los ingresos fiscales incrementales se obtienen de contribuyentes que están devengando menores ingresos.
La recesión combinada con la inflación derivada del alza de los precios del petróleo (importada) podría retardar la recuperación económica y causar graves distorsiones sociales en países como Guatemala. Sin duda, las deportaciones masivas agriarán más el caldo de cultivo social.
De suerte que el Gobierno de Álvaro Colom, en vez de limitarse a velar exclusivamente por los intereses del sector público, debe liderar un gran esfuerzo nacional, que tome en cuenta todos los factores y recursos, a fin de que se adopten políticas públicas integrales y eficaces.
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