Me temo que el primer gran operativo policial del nuevo Gobierno ha fracasado. Se ejecutó la captura de 60 jefes de clicas (como se denominan las organizaciones territoriales de las maras), pero el Ministerio Público (MP) no tuvo la capacidad de construir las causas penales y 56 de los detenidos habían recuperado su libertad antes que cantara el gallo.
Eso ocurrió la semana pasada y desde entonces las notas rojas de los noticieros reportan otra pasmosa ola de violentas ejecuciones de pilotos de autobuses urbanos. Se presume que los mareros liberados han estado cobrando la implacable venganza contra sus delatores. La operación, entonces, no solo falló sino que arrastra consigo la secuela de vidas inocentes sacrificadas y, otra vez, la pérdida de confianza, que se pudo haber reconstruido, de la población hacia la Policía.
Menos dramático, pero con implicaciones políticas simbólicas, fue el anuncio del presidente Álvaro Colom, durante un acto oficial el martes antepasado, de la captura de un reconocido líder de las maras, a quien se le responsabiliza de al menos cuatro asesinatos en los últimos días. Quizás el fiscal encargado no leyó los diarios en esos días, pues tampoco fue capaz de consignar al señalado.
Mientras el Presidente exaltaba el tremendo éxito policial, el marero salía por la puerta ancha.
La pregunta entonces es, ¿qué está pasando en el MP de Juan Luis Florido? Esta historia tiene relevancia a la luz del movimiento de fiscales que intentó recuperar la institución, y acabó sepultado con la crónica de otro fracaso. Durante la campaña electoral ese grupo se enteró de que el entonces candidato Álvaro Colom abrigaba la intención de no confirmar a Florido. Ellos documentaron las falencias del Fiscal General e informaron ampliamente al futuro gobernante a fin de sustentar su decisión. Cuando en la conferencia de prensa en el MP, a fines de diciembre, el Presidente electo dio el espaldarazo a Florido, los fiscales sufrieron una amarga decepción. Creo que a estas alturas ya todos renunciaron.
La eficacia del MP, medida por la proporción de condenas ganadas en los tribunales, es cercana a cero. Y con Florido como jefe de la expedición contra la impunidad, los criminales pueden seguir durmiendo tranquilos. Ahora bien, el tiempo en el campo de la seguridad tampoco es neutral. A juzgar por lo que ocurre en la región, Guatemala va camino a internarse más en el aislamiento, y la consecuencia previsible es que el baño de sangre, en los próximos meses, será (aún más) dantesco.
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