Dos años después del hucarán Stan, el mundo entero se estremeció con la tragedia del pueblo de Panabaj. Hoy estremece las condiciones infrahumanas en que viven muchas familias que quedaron sin hogar, sin tierras para cultivar, mujeres solas, sin su familia, niños y niñas huérfanos de padre y madre, algunos muy pequeños. Estremece la precariedad de los albergues que han recibido (a poca distancia del que fuera su pueblo, ahora cementerio) el abandono y la extrema pobreza en que se debaten. Escuela y casitas nuevas del plan de reconstrucción se ven abandonadas, formando parte del cementerio de Panabaj, los vecinos dicen que se construyeron en terreno no apto por riesgo de deslave. Tragedia y esperanza se ve en lo que queda de Panabaj, hay resiliencia en su gente, a pesar de todo. Con urgencia necesitan muchas cosas, pero por sobre todo herramientas para salir adelante, ayuda organizada y efectiva se requiere de la comunidad y del Gobierno, no mañana, ahora, ya.
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