Hoy martes, Hillary Clinton y Barack Obama disputan la nominación presidencial del partido demócrata en 24 procesos electorales. En total, los precandidatos compiten por 2 mil 88 delegados, más de la mitad del total posible.
Hace un par de meses, el comando de campaña de la señora Clinton daba por sentado que esta sería la fecha en la cual ella aseguraría su candidatura como la primera mujer que opta a la Presidencia del país. Sin embargo, apenas hoy, cuando escribo esta columna, las diversas encuestas muestran un panorama muy incierto, en el que el entusiasmo por Barack Obama ha disminuido la ventaja que le llevaba la senadora de Nueva York hasta casi ponérsele a la par en las preferencias de los votantes.
Para la señora Clinton ha sido sumamente difícil contrarrestar el entusiasmo que despierta Obama.
Ella, si bien es mujer y, como consecuencia, representante de un sector que recién empieza a acceder al poder político, es vista por muchos votantes como muy ajustada al establishment político. Su permanencia en la Casa Blanca, su fugaz aunque fracasada participación para impulsar un seguro universal de salud y su eficaz labor como senadora representando al Estado de Nueva York, más que ser considerados como cualidades parecen ser un lastre para su campaña. Para mayor inri, la señora Clinton votó a favor de invadir Irak. Todo esto, frente a un contendiente que apenas va por su tercer año como senador por Illinois, en vez de ayudarle le perjudica. La imagen de Obama y su inexperiencia en temas de política global y nacional paradójicamente le otorgan credibilidad para vender la ilusión de un cambio y promover el rompimiento con ese pasado que la señora Clinton invoca a cada paso para demostrar sus indudables, aunque poco apreciadas, experiencias en la política estadounidense.
Tengo la impresión de que los apoyos que Obama ha logrado entre gente clave del partido, entre ellos los familiares del finado John F. Kennedy, ayudan a crear la percepción de que el senador de Illinois podría ser ese émulo contemporáneo del malogrado presidente, al que los estadounidenses tanto añoran: joven, atractivo, elocuente, innovador, sin ataduras con el pasado y con una familia fotogénica. Y así como Kennedy rompió el tabú de que un católico no podía ser electo Presidente, Obama haría lo mismo respecto a los afroamericanos. Pero a ver cuánto más se prolonga la incertidumbre en el patio demócrata para definir al contendiente de John McCain.Debido a que el sistema que regula estos comicios reparte a los delegados de manera proporcional a los votos obtenidos por cada candidato, esto hará que el impasse se prolongue varias semanas más.
Probablemente no será sino hasta el 4 de marzo, al realizarse las primarias de Texas y Ohio –las dos más importantes de ese día– junto con los de Rhode Island, Vermont, Wyoming y Mississippi cuando se sepa si es Clinton u Obama quien habrá de enfrentarse a John McCain.
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2 comentarios:
Giovanni Caceres: (2008-02-05 09:30:41 horas)
El voto en Los Estados Unidos no es tan democrático como parece.
Hoy tuve la oportunidad de ir a votar por el próximo candidato a la presidencia de los Estados Unidos, tuve la oportunidad de escoger entre los representantes republicanos o los Demócratas, pero no tuve la opción de decir que no estoy de acuerdo con ninguno de ellos.
La comunidad donde vivo no es muy poca activa cuando les toca votar. A pesar de ser un día muy importante a nivel nacional en Estados Unidos, donde vivo muy poca gente va a votar, pareciera como que estas votaciones son para otro país. Es muy decepcionante, ya que estamos hablando de una comunidad con acceso amplio a las necesidades mas aya de las básicas para poder votar.
Al mismo tiempo tampoco estoy seguro si la abstinencia al voto de esta comunidad es una forma de decir que no elegirían a ningún candidato. Si fuese así, me gustaría algún día poder ver esa opción en las papeletas de votación. El votante debería tener claramente poder de especificar que no escogería a ninguno de estos candidatos cuando le toque votar.
Gracias,
Gil Zu: (2008-02-05 07:07:59 horas)
El fondo de todo esto es la aparicion de
juventudes que estan a punto de tomar el
control que estan dejando los partidos po
liticos en desuso. Pocos jovenes conocen
la historia de Alianza para el Progeso en el gobierno de Kennedy y que en dicho programa incluia una Reforma Agraria mas agresiva que la propuesta por Arbenz , pero si conocen a los actuales
politicos trasnochados la mayoria que ameritan un cambio. A esta juventud de-
bemos sumar los sectores mas pobres
Sera casualidad que en Guatemala este
pasando lo mismo y que los dias para
los partidos politicos actuales estan con
tados? Esto lo sabe Colom y en USA lo
sabe BlinHilary y Obama.
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