Envueltos en el debate de la libertad frente al destino.
Amable Sánchez Torres
El mayor error de cualquier hombre sería creer que no comete ninguno. Incluso, podría sostenerse la paradoja de que no seríamos humanamente perfectos si no cometiéramos errores. El error y el defecto son inherentes a nuestra naturaleza y nos definen como tales. ¿Naturaleza “caída”? No sé.
Me inclino a pensar que las cosas no van por ahí. Prefiero pensar en una naturaleza defectuosa, pero erguida: es decir, “levantada”. Entonces ¿somos más perfectos cuanto más defectuosos? Aquí la paradoja se radicaliza más aún. No me parece que sea tan fácil aquilatar el juicio hasta esos extremos.
Si continuamos por estos derroteros, fácilmente nos veremos envueltos en el debate –o ya decididamente trampa– de la libertad frente al destino. Si es el destino el que determina nuestros errores y nuestros defectos, podríamos justificarlos fácilmente, porque sería inútil luchar contra ellos.
De un plumazo se erradica la responsabilidad. No me avengo a pensar que las cosas sean así. Supongo que estoy más cerca de la realidad si pienso que, si por naturaleza soy defectuoso y capaz de cometer errores, también soy libre y capaz de luchar contra ellos. Y entonces me atrevería a plasmar, casi a cincelar, este aforismo: lo más bonito de nuestros errores es que siempre podemos mejorar. Desde la misma radical libertad de asumirlos y desde la misma radical libertad de superarlos.
No resulta simple la convivencia, tarea cotidiana que se nos impone como desafío y como necesidad. En este sentido, uno de nuestros errores es la facilidad con que descubrimos, subrayamos y criticamos los defectos ajenos, como si nosotros estuviéramos limpios de culpa. ¿Pero qué sería del mundo, si todos fuéramos perfectos? ¿No sería un poco aburrido? ¿No resultaría incluso insoportable? ¿Dónde quedaría el consuelo de decir gracias, perdón, disculpe usted, no tenga pena, procuraré hacerlo mejor la próxima vez, cuente usted conmigo?
¿Félix culpa, como se sostiene en ciertos ámbitos doctrinales, de corte decididamente cristiano-católico? Eludiré la respuesta directa con este rodeo: el latino félix-icis se puede traducir en español por feliz y dichoso, y hasta por propicio, favorable y benevolente. Resulta, por lo menos, inquietante que la culpa pueda ser sinónimo de todo esto. Pero también se traduce por fecundo y por fértil. Es este otro enfoque menos desconcertante: nuestras culpas como terreno abonado para crecer.
¿Qué es nuestra perfectibilidad sino la capacidad de ser menos imperfectos cada día? ¿Qué son nuestras imperfecciones sino la oportunidad de ser más perfectos cada minuto? ¿No se ha dicho y sostenido que la ignorancia es la base de la sabiduría y el conocimiento?
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine
Mensajes de contenido pornográfico
Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
2 comentarios:
Gil Zu (Maestro): (2008-02-13 08:09:12 horas)
Uno de los mayores milagros en el ser hu
mano es su individualidad. No hay manos
gemelas con las mismas huellas digitales, y aunque existen rostros pareci-
dos no los hay iguales.
Esa individualidad permite al ser humano
recorrer los diferentes caminos de la vida
y asumir responsabilidades en distintas
actividades. Ni siquiera los Psicoanalis-
tas mas audaces han logrado penetrar al
interior de una vida en forma total. En cuan
to a las distintas formas del pensamiento
me viene a la mente aquella frase :
Talvez no este de acuerdo con lo que dices, pero, defenderia con la vida el de-
recho que tienes de decirlo Voltaire.
Lo anterior podria ayudarnos a no conti-
nuar matandonos unos a otros.
Carlos González: (2008-02-13 06:57:35 horas)
Hoy don Amable abre la puerta a lo que llama incluso trampa: Libertad vrs. Destino. Si hay un destino, no somos responsables de nuestros actos. El responsable es el hacedor del Destino ¿Dios?. Luego entra en otras honduras más sutiles: La utilidad de las imperfecciones (por cierto ¿juzgadas imperfecciones según quién?). ¿Nos son útiles las imperfecciones? Francamente creo que no. Las mías, juzgadas por mi, no lo son. No sirven pa'maldita la cosa. Me permiten perfeccionarme... bullshit! Se debió quedar en el Elogio a la Hipocresía de la semana pasada, donde narra como en su aldea invitan a tomar chocolate a un cura despreciado y despreciable.
2 comentarios: