María Luisa Alistún tiene una máquina de coser nueva y con ella se dispone a trabajar.
Patricia González
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Jesús Alfonso
maría luisa Alistún está feliz con su nueva máquina de coser, pero necesita que alguien la ayude porque perdió la práctica.
María Luisa Alistún está contenta y de estreno. Aunque todavía ningún especialista ha ofrecido ayudarla para curar su neurofibromatosis, la vida le ha sonreído este año.
Gracias a la publicación del Libro de los Sueños, ella recibe un cheque mensual y ese dinero le sirve para pagar la colegiatura de su hija, quien cursa primero básico. “Ahora se pasa haciendo tareas todas las tarde y los fines de semana, y eso está bueno para que se prepare”, dice.
Además, una lectora de elPeriódico le obsequió una máquina de coser eléctrica casi nueva. “Está intacta y me servirá para hacer ruedos y composturas de prendas aquí en la casa, y como es eléctrica, se me hace fácil trabajar con un pedal”, comenta.
Antes de que María Luisa quedara atrapada en su casa por el crecimiento de su pierna derecha, trabajó en varias maquilas, donde aprendió el arte de trabajar con máquinas industriales de costura. En ocasiones, lograba hacer 500 ruedos de pantalón en un día. También pegaba cuellos y botones antes de que las prendas ingresaran al área de control de calidad.
“Trabajaba con unos coreanos que eran bien bravos, pero nunca me regañaron porque siempre hice bien mi trabajo”, dice mientras limpia una y otra vez el lomo de su nueva herramienta de trabajo. La costurera también se siente con nuevos ánimos, pues una familia anónima le remozó el cuarto donde vive con su mamá y su hija.
Las paredes ya no lucen como coladores, y algunos conocidos que las han visitado, no reconocieron la fachada de la casa, pues con la nueva pintura, luce como nueva. “Dios bendiga a todas las personas que nos han ayudado; ojalá se les multiplique”, repite una y otra vez.
Por ahora, María Luisa piensa reanudar su actividad como costurera en su casa, pero necesita que alguna persona con experiencia le ayude a tomar de nuevo las riendas de la profesión, porque ha perdido un poco de práctica. No cose desde hace 5 años, cuando cerraron la fábrica en la que trabajaba y ya no pudo caminar de nuevo para conseguir un nuevo empleo.
Tiene problemas para hacer los cortes de mangas y faldas, pero está segura que con algunas indicaciones, consejos, paciencia y disciplina, puede convertir, de nuevo, unas yardas de tela en ropa particular, sábanas, cortinas o manteles. “Lo más importante es tener voluntad, y eso me sobra”.
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