Un fraude gigante, prolongado y devastador tuvo lugar durante años en el sudeste de Quiché y puede ser descrito como la versión provinciana del robo que casas financieras perpetraron contra centenares de afectados en la ciudad guatemalteca en la década de los noventa. Una historia de mentiras que dejó a miles en bancarrota. “El Millonario” y “El Mexicano” partieron sin dejar rastro.
Enrique Naveda
Ampliar imágenFoto:
José Miguel Lam
Los miles de estafados se adueñaron de las posesiones de El Millonario, vetaron la venta, y las hicieron propiedad común.
Más fotos
Es nuevo en Zacualpa pero Pacay Castro ya ha oído la historia de El Millonario. El agente de la Policía Nacional Civil tiene un cuaderno grande para registrar las denuncias. Después de la máquina de escribir, probablemente es el instrumento más moderno de su oficina. Lo abre y revisa los últimos años en busca de un hombre: José. Y un delito: estafa. No lo encuentra. Tampoco lo registraron en la estación de Joyabaj.
A decir por los documentos, es como si jamás hubiera sucedido lo que hizo pedazos a varias poblaciones, lo que despojó de viviendas, remesas e ingenuidad a 5 mil o 10 mil o 30 mil personas embaucadas (las cifras varían según quien cuente la historia).
Pero en Zacualpa sobreviven las marcas del desenlace. Las casas y un hotel de cemento de unos 70 metros de ancho, que pertenecieron al timador, atestiguan que la historia sucedió. Una firma cruza sus paredes: “Prohibido Negociar. Propiedad de la gente.”
En los municipios de Chiché (22 mil habitantes), Zacualpa (25 mil) y Joyabaj (68 mil) la estafa está cobrando proporciones míticas, y si hoy existieran los juglares cantarían en versos exaltados los siete años que duró la tragedia. Pero no existen: y lo que queda es el recuerdo de un campesino verdugo de su pueblo; y un viscoso silencio, labios sellados por el miedo. Nunca, dicen, nunca hubo una denuncia formal.
Por eso el agente Pacay Castro ignora más de lo que sabe. Pero una cosa tiene clara: “al Millonario mucha gente anda buscándolo”.
Semanas antes de la primera vuelta electoral se fugó. Hay quien conjetura que debía Q200 millones. Casi un mito, “es posible que se le estén atribuyendo actos y rasgos que no sean suyos”, advierten investigadores del Ministerio de Gobernación.
Su nombre no está claro. José, Juan, Santiago, refieren algunos. José Riz, aseguran otros. La prensa, en las breves notas que le dedicó en julio de 2007, lo identificó como José Grave Simaj.
¡Medio millón por Q350!
El apelativo de El Millonario y el rumor de la estafa circulan por el área desde el año 2000, vinculados al Mexicano, un tipo de nombre ignorado –se cuenta– originario de Zacualpa que huyó con sus padres rumbo al norte durante la guerra y regresó, despojado de sus propiedades y de su cultura, con resentimiento y una intención: el timo. En unas tierras que comenzaban a ser fértiles por las incipientes remesas que enriquecían a unos, y a otros, en cambio, volvían más desdichados.
De las nueve personas que ayudaron a reconstruir esta historia, ninguna acertó a explicar cómo El Millonario, entonces un campesino que de Q30 diarios en la milpa, estableció contacto con El Mexicano o cómo se convirtió en su principal aliado.
Pero lo consiguió. Y comenzaron a difundir su “proyecto”. El “proyecto” era una promesa: recibían un solo pago de Q350 y un tiempo después devolverían medio millón. El Millonario en especial era un hombre de verbo fácil y convincente, un orador persuasivo, explica un vecino.
Aldeas enteras, que no dudaron que tendría tanta facilidad para multiplicar el dinero como para multiplicar las palabras, comenzaron a prestarle una atención primero tibia pero cada vez más entusiasta.
En ese proceso tuvieron que ver los líderes. Por un lado, se ganaban a agricultores, comerciantes y artesanos; por el otro, El Mexicano y El Millonario susurraban miel en los oídos de los dirigentes. Por ingenuidad o por codicia, maestros, hoteleros, empresarios de transporte se unieron pronto a ambos y corrían de casa en casa, informando a la gente del prodigio. Lo relata una autoridad del pueblo.
“¡Medio millón por Q350!”, oían los campesinos de las bocas de sus líderes, y depositaban esperanzados sus cuotas en los costales de El Millonario.
Camionetas llenas de futuros estafados
En lugar de menguar, con el tiempo la fe se difundía. Quienes no tenían nada aspiraban a tenerlo y quienes disponían de propiedades veían una oportunidad. De las comunidades circundantes llegaban camionetas llenas de contribuyentes al apartado cerro en que residía la sede. “Eran más de 30 los que subían un día”, calcula un vecino que tiene aspecto de profeta bíblico.
Allí o en otros lugares El Millonario –un tipo hábil según lo describen– organizaba rituales en los que se empleaban “símbolos propios de la gente”. Las ceremonias, los sacrificios animales, los trajes típicos, las oraciones lo congraciaban con ellos. La Biblia, las cruces, las custodias eucarísticas demostraban que su propósito respondía a la ley de Dios.
A eso había que añadir que cuando El Millonario palpaba algún titubeo o suspicacia (“si hay alguien que duda, arruinará el proyecto y desaparecerá el dinero”, solía decir), ofrecía muestras de buena voluntad. Primero cubrió de dinero, coinciden varios, a dos líderes. Luego congregó a los miembros del proyecto y frente a unos costales les incitó: “Aquí está su dinero. Llévenselo, pero ahí adelantito están asaltando”.
Temerosos, deslumbrados de confianza, se lo encomendaban los afiliados. De modo que al tiempo que aumentaba el número de sus seguidores, crecía la cuantía de las cuotas y la promesa de paraísos. Si al principio se hipotecaban casas, se vendían terrenos y se invertían los ahorros, ahora corrían también las remesas por los pueblos.
Como nadie podía pagar más de lo estipulado ni aspirar a más de lo ofrecido, se apuntaba a padres, hijos, sobrinos, y se empleaban nombres que yacían ya en el registro de defunciones. Y El Millonario llevaba contabilidad de todo; pero con astucia (o quizá solo era lógica) nunca extendió un recibo, nunca un documento legal que diera fe de su proyecto.
La fortuna del “Millonario”
Y no está claro cómo lo hacía (según indican los testimonios parece que al tiempo que captaba nuevos afiliados, seguía esquilmando a los ya antiguos con cuotas obligatorias que crecían), pero El Millonario iba acumulando laboriosamente dinero. A su alrededor surgían casas que todavía existen, se paseaba en dos Hummer, un helicóptero, y entre una de sus gasolineras y su helipuerto en Zacualpa comenzó a levantar un mastodóntico hotel hoy inconcluso.
Un muchacho que lo conoció rememora que su capital crecía tan rápido como para necesitar, como contadoras, a cuatro chicas que compró a sus familias.
Pero mientras él se entretenía en lujos y diversiones, los proyectos retrasaban la entrega de sus frutos. “Los helicópteros que venían de España se le desplomaban, los barcos se le hundían”. Conforme su vida se iba volviendo más ostentosa y más dudaba la gente de sus intenciones, más exigía El Millonario de sus acreedores. Ahora que había desplazado al Mexicano, extremaba la dureza y aumentaba las cuotas, exprimiendo la necesidad de la gente de creerse en un club selecto y de creer, al mismo tiempo, que no lo habían perdido todo.
Mientras El Millonario enviaba nuevos nuncios del dinero y desplegaba cada vez cultos más severos –sacrificar chompipes, “hacer pasos”, caminar de rodillas sobre maíz o piedrín hasta escaldarse– en Joyabaj, el párroco explicaba la fábula de los lobos con piel de oveja, y sentía el rechazo de los feligreses, reacios a sentirse estafados todavía.
El mensaje del pastor, sin embargo, calaba poco a poco, y lo llenaron de amenazas. Pero por la mezcla de su palabra con el incumplimiento de las promesas, la población comenzó a despertar de lo que un habitante describe “como que estaban dormidos”.
El Millonario convocó una reunión. A sus oídos había llegado que un participante empezaba a vacilar, a arrepentirse. Recordó entonces enfrente de los afiliados que la dádiva era voluntaria y que cualquier duda ponía en peligro el proyecto. Luego señaló al titubeante y le dijo: “Tú dudas. Mejor llévate tu dinero”, y se lo dio. Para la gente, acuciante y muy irritada ya, aquella fue la última vez que un acto de este tipo probó la buena voluntad del empresario.
Nunca lo denunciaron. ¡Cómo confiar en la Policía si ni siquiera podían creer en El Millonario! Estaban perdiendo la paciencia.
Una oración infinita
Lo malo era que el dinero seguía sin aparecer y ante el nerviosismo de sus acreedores, El Millonario intentó una penúltima jugada desesperada y brillante para ganar tiempo. Después de años de reuniones, conocía el talento o el grado de destreza de muchos de los afiliados que seguían junto a él. Niños, viejos, viudas, mujeres con maridos emigrados, analfabetas, gente que no hablaba español, de todos ellos, con ayuda de los líderes, conocía la inteligencia.
Los citó de nuevo y tiró una cantidad de costales en el suelo. –Un voluntario –, pidió. Surgió uno entre la multitud. –Escoja un costal, cualquiera –el voluntario abrió uno y estaba rebosante de billetes. No daban crédito. ¡Por fin!
“Todos”, dijo El Millonario, “contienen dinero. Pero si quieren llevarse el costal me deben una última cuota”. (En aquel momento, mediados de 2007, ya pedía Q13 mil 500 por persona.) Y si querían obtener el dinero, tendrían que aprender en tres días una oración casi infinita. De otro modo, el contenido de los sacos se volvería periódico y arena. 72 horas después las bolsas de los más incapaces y desmemoriados, y también las de los más despiertos, revelaron su contenido. La buena memoria trajo bolsas y montones de dinero. La mala, en cambio, trajo arena y papel con algún billete de Q5.
Naturalmente, esta especie de magia no podía dejar contenta a la mayoría y El Millonario lo sabía de antemano. Lo había concebido para ganar tiempo antes de su jugada final, la maestra. Una vez más, anunció la llegada del dinero y emplazó a todo el mundo en la sede del cerro para horas más tarde. Hubo un trajín de costales, y cuando la gente se presentó ante el edificio, altas llamas consumían ya la casa. El Millonario se mostraba desconsolado. La riqueza ardía irreversiblemente. Pero no había considerado que el fuego no consume la arena.
Hogueras al son de una marimba
Las llamas que terminaron con la casa terminaron también con su paciencia. Entre cenizas, en un costal mal quemado encontraron las víctimas la fuerza definitiva para enfrentarse al embaucador. Pero ya había huido. La turba incautó el Hummer amarillo y lo quemó, tomaron los edificios que eran de su propiedad y sobre ellos escribieron en letra escarlata, “Prohibido Negociar. Propiedad de la Gente”. Y un día festivo, Zacualpa asistió al espectáculo de las hordas de Joyabaj que se encaminaban al final de la tarde hacia la gasolinera de las afueras, extraían el combustible de sus depósitos, y prendían fuego a un carro y al establecimiento entre sonidos de marimba.
En las jornadas que siguieron se habló de quemar líderes, de arrastrarlos atados a vehículos por la plaza del pueblo. Pero cuando tuvieron a cuatro personas en sus manos les dejaron simplemente ir –aunque hay versiones contradictorias– con una promesa de pago.
Durante el tiempo que duró el secuestro, los antiguos compinches, sin ponerle al tanto de la situación, se comunicaron con El Millonario.
-¿Y cuándo te vemos por aquí? –preguntaron. -No sé– respondió. –Por ahora, estoy muy bien en Cancún.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine
Mensajes de contenido pornográfico
Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
14 comentarios:
Allan Rojas: (2008-06-07 06:13:35 horas)
A mi me intentaron estafar con una propiedad, pero por dicha un amigo del colegio experto en seguridad me dijo como prevenirlo.
para localizarlo un investigador privado me recomendo utilizar este sitio.
http://registronacional.com
En el hay informacion de las personas, de propiedades como creditos, hipotecas, propietarios, planos
Tambien para vehiculos se pueden encontrar por numero de matricula y puede luego encontrarse la direccion, telefono de su casa de habitacion.
Registro Nacional
Camila López Smith : (2008-02-17 21:36:52 horas)
Señor Herrera. Otro de los males de Guatemala es que la gente cree que lee, pero no lo hace. Sus dos preguntas están explicadas en el reportaje.
Dele otra 'leídita' al texto, pero esta vez ponga atención. Además lo de la máquina de escribir aporta mucho, con una frase tan sencilla nos está diciendo cómo es la oficina y el estado en el que se encuentra y eso se agradece, porque da una imagen del sitio. ¡Qué ciego!
Jorge Dardón: (2008-02-17 18:40:15 horas)
Hay algo que el reportaje no dice: ¿cuál era la fuente del dinero que la gente iba a recibir?
silvia Vega: (2008-02-17 17:30:04 horas)
La raiz de todos los males es el amor al dinero, (texto sacado de la palabra de Dios la Biblia), por querer tener dinero rapido y sin ningún esfuerzo se caen en estos conflictos y esos estafadores si es que se aprovechan muchas veces de la ignorancia de las personas pero también le sacan el jugo a la avaricia del ser humano.
cristian salazar: (2008-02-17 17:10:46 horas)
En el resto de Guatemala sucede lo mismo, solo que este señor no tuvo el tino de decir que era pastor evangelico, los demas metodos los usan en casa de dios, frater, shaddai, etc.
Enrique Naveda: (2008-02-17 16:37:32 horas)
Estimado señor Herrera:
El procedimiento de la estafa, hasta donde se conoce, está explicado en el reportaje.
También se explica lo que se intuye a partir de los testimonios.
Al principio, el Millonario pedía un solo pago de Q350. Y fue incrementando las cuotas hasta Q13500.
A veces, para manipular la confianza de los vecinos, entregaba una suma grande de dinero a alguno de sus ayudantes y así hacía creer que su proyecto surtía efecto.
De lo que se cuenta en Zacualpa, se deduce que pese a que el Millonario "prohibía" pagar más de una cuota para que nadie se aprovechara de su proyecto más de lo debido, en realidad exigía un pago tras otro. Conocedor seguramente de las reglas del juego, no ignoraba que el desesperado, el que ha invertido mucho o más de lo que le queda, no duda en seguir poniendo su dinero sobre la mesa.
Espero que le haya quedado más claro.
Un saludo
Antonio Catalan: (2008-02-17 16:27:17 horas)
Lamentablemente es tarde, creo que las autoridades no haran nada al respecto, pero cuando esto estaba sucediendo, algunas personas quisieron intervenir (religiosas de Zacualpa), personas de las mismas comunidades se interpusieron a ello. Muchas personas seguramente no quieren compartir su experiencia y aportar datos, para que no les tachen de que fueron estafadas.
Lucrecia Chajon: (2008-02-17 15:47:17 horas)
Los indigenas son personas muy desconfiadas, sin embargo, siempre son engañados, pero como? con lo mismo de siempre, la religión.
Dennis Recinos: (2008-02-17 15:29:26 horas)
CREO EN EL LIBRE MERCADO Y NO EN REGLAS QUE DIS QUE PARA PROTEGER A NUESTRO INGNORANTES CAMPESIONES REALMENTE BENEFICIAN A LOS BANQUEROS MERCANTILISTAS QUE A SANGRADO DURANTE MUCHOS MUCHOS AÑOS A NUESTRO PAIS... NO A LEYES QUE PROTEGAN A LOS MERCANTILISTAS SI A LA LIBRE EMPRESA, QUE NO NOS MANIPULEN LA OPINION CON HISTORIAS QUE A SABER SI EN VERDAD SUCEDIERON
Sebastian Hueso: (2008-02-17 13:00:07 horas)
Es triste ver que la gente sigue cayendo con las mismas estafas de siempre, piramides, intereses fantasticos, etc. y los estafadores tranquilamente preparandose para la proxima. Desgraciadamente atacan a la gente mas necesitada, ojala que sirviera de ejemplo para evitar futuros crimenes.
Mario Jimenez: (2008-02-17 12:35:46 horas)
Hoy dia nace cada persona con la finalidad de fregar a otras personas, no hay valores y principios, todo ha sido con el firme proposito de hacerlo de la manera facil, se juega con la ignorancia de nuestros vecinos, la falta de conocimiento pero sobre todo con la ambicion de hacerse con dinero de la manera facil, se hace un lado aquel principio biblico que bueno es es que coma aquel que trabaja, pero en nuestra realidad todo mundo quiere levantarse tarde a trabajar y trabajar por lo menos 1 hora y ganar como un ejecutivo, hoy es bueno poner toda propuesta de negocio de invertir Q 500.00 y ganar Q 10,000.00 como lo hizo el juego de la piramide en la balanza si es posible esto y tomarse 2 minutos para razonar si es bueno, la logica y el sentido comun dicen que no, juzge usted,
Boris Herrera: (2008-02-17 11:21:20 horas)
Pero no explican el mecanismo de la estafa...al principio dicen que "un solo pago de Q350...."
Pues como se establecio el mecanismo de estafa con solo Q350? El periodista esta mas ocupado en decir cosas sin importancia o sentido como "Después de la máquina de escribir, probablemente es el instrumento más moderno de su oficina" y se olvida de elaborar un reporte coherente.
Alejandro Contreras: (2008-02-17 10:36:20 horas)
Interesante coincidencia entre este artículo y el de ayer que hablaba de la necesidad de normar la oferta de seguros internacionales.
Interesante que ayer mucha gente comentó aquella nota diciendo que no era necesario, que para qué limitar la competencia....
No nos engañemos, pese a las amplias diferencias sociológicas entre la población rural, indígena y la urbana, ladina, la verdad es que somos aún un pueblo inocente. Desconfiamos de la gente que está cerca de nosotros, pero abrimos nuestra ingenuidad para los que parecen venir de lejos. En la mayoría de casos, no hay problema, pero siempre hay un pícaro que nos estafa.
Es hora que tratemos de ser más objetivos y menos irracionales en nuestra desconfianza (y confianza).
sergio licardie V.: (2008-02-17 08:36:39 horas)
Yo recomiendo que busquen el nombre o alguno de sus nombres en Internet y quizá no sea tan listo
14 comentarios: