“Mi trabajo, como el de cualquiera, surge de mi relación con el mundo"
Lucrecia Cofiño de Prera
–le comentaba Diana de Solares a Emiliano Valdés en una entrevista reciente–, solo puedo percibir y entender el mundo a partir de mi experiencia personal. En esta serie de trabajos los verbos correr, caminar, sentarse y esperar dan una pauta del tipo de relación a la que aludo. Ciertas nociones solo se alcanzan al ‘correr’. Del mismo modo que hay conocimiento e información que solamente se percibe al ‘caminar’. Y por supuesto, ¿o no?, los estados del ser que espera ‘sentado’, quietamente, sin hacer nada, aportan revelaciones sublimes”.
De esta manera la artista esboza, como un paisaje, el proceso interior al que se ha sometido recientemente y que involucra acciones tan humanas y paradójicas como correr y sentarse, detenerse y aguardar con la esperanza de que algo favorable va a ocurrir o, por lo contrario, dejarse asediar por la inquietud porque lo que se espera se retrasa…
Las obras, algunas polípticas, en pequeño y mediano formato fueron realizadas con pintura acrílica sobre mdf, a las que, en parte, se añadieron elementos de hierro o de hilo que se integran a la superficie o se proyectan hacia fuera en diferentes direcciones provocando sombras y volúmenes tridimensionales. Estos pequeños fragmentos de metal o de fibra, de alambre o de plástico rescatados de los desechos como los “objetos encontrados”, añaden un efecto voluble y caprichoso que varía según la dirección de la luz.
En cuanto a lo pictórico, la artista utiliza pequeños componentes geométricos que se alternan con áreas más amplias y planas y se interconectan con líneas o con formas sinuosas: se trata de una exploración dinámica del color y la percepción a través de la ilusión del espacio.
Las composiciones, de apariencia simple y minimalista, desafían al espectador con la tensión del contraste que genera una paleta restringida: gris claro y gris oscuro, verdes y ocres con algún tono de azul o de rosa, además del predominio del blanco en algunas piezas.
El lenguaje que de Solares desarrolla en esta oportunidad muestra una etapa más en el recorrido y en la narrativa que se ha planteado en proyectos anteriores, con lo que confirma tanto su evolución como la constancia de sus preocupaciones. Si bien, en ciertas pinturas de esta propuesta se acerca a las cualidades formales de la obra de Francisco Tun.
La artista cumple en Sol del Río con la primera parte de una trilogía que ha considerado completar este año; la siguiente se ha programado para ser presentada en el mes de abril en la Galería Carlos Woods.
Al proyectarse más allá de la superficie del soporte pictórico, la obra reciente de Diana de Solares deambula en espacios en los que se interceptan la pintura, la escultura y la instalación.
“Estos trabajos son el registro de una experiencia vivida por la pintura y para la mirada, escribe Luis González Palma. Para contemplar este sutil y frágil drama tenemos que tomar una pausa”.
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