El pasado martes dimos el último adiós a una heroína anónima, ampliamente conocida entre las personas con capacidades limitadas y luchadora por los derechos humanos por quienes entregó sus últimas energías en defensa de sus derechos.
El alcalde Arzú debe saber que se fue Reyna Chavarría quien en su lucha, junto a otras personas, le arrancó por la fuerza de la ley algunas reformas al Transmetro para que facilitara el uso de las personas que, como ella, tenían derecho al acceso. Fueron largas discusiones y rabietas del Alcalde y de sus súbditos para quedarse con su gusto de hacer un Transmetro al estilo de quienes no tienen dificultades para moverse, que no utilizan sillas de ruedas ni muletas y no sufren las consecuencias de una ciudad construida de concreto, con bancos, tiendas, supermercados, iglesias y calles para ellos, no para quienes tienen serias dificultades para el acceso.
Reyna Chavarría fue la impulsora y era presidenta de la Coordinadora de Organizaciones de Personas con Discapacidad y de la Asociación de Esclerosis Múltiple, y encabezó la demanda en contra de la Municipalidad porque se negaban a hacer las reformas necesarias para hacer accesible el Transmetro. Estuve con ella en muchas ocasiones y varias luchas. Llegué a la asamblea donde saborearon el reconocimiento legal de la coordinadora, y después a la audiencia que les diera la Sala Tercera de Apelaciones de Trabajo y Previsión Social, constituida en Tribunal de Amparo, quienes resolvieron a favor de más de millón y medio de ciudadanos. Me llamó por teléfono cuando recibieron el fallo a su favor y condenaban a la municipalidad, para que hiciera los arreglos que se necesitaban en las paradas del Transmetro e incluso que transformara Tu Ciudad, no en la tacita de plata, sino en una ciudad que tomara en cuenta los derechos de todos. Por supuesto que falta mucho qué hacer y mucho qué cumplir legalmente, pero Reyna encabezó esos movimientos y fue un ejemplo de entrega a las personas de su misma condición. No supe qué hacer cuando me enteré de su muerte, me dolió en lo más profundo, y cuando acompañaba a todos los amigos a entregarla a su última morada pensé en lo ingratos que somos:construimos casas, edificios, carreteras o parques sin pensar en las personas como Reyna, y por quienes ella luchó para que les reconocieran sus derechos. Un abrazo a su familia y a sus dos hijas, que deben saber que tuvieron una madre ejemplar y valiente.
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