El trabajo y las actividades normales de la población obliga a no detenernos nunca, porque quien descansa pierde, y a cada momento se ve más carros en la calle. Uno se pregunta dónde está la crisis si a pesar del costo elevado de los vehículos y el incremento furioso del combustible, los congestionamientos aumentan. Pero es que cada día somos más y más gente, y todos nos movemos en uno y otro sentido a lo largo del día, nos vamos a vivir al lado opuesto de donde trabajamos y los colegios de nuestros hijos quedan en el otro extremo.
Pero el efecto resultante de la crisis se percibe cuando notamos una mayor presencia de motoristas navegando entre el tráfico, pasando rápido por donde un automóvil no puede. En las motos no va un solo pasajero, sino dos, y recientemente se está imponiendo la costumbre de tres. La necesidad obliga a apretarse, con tal de llegar a los oficios y cumplir. Hombres y mujeres, jóvenes y niños, todos subidos en el vehículo que puedan.
Hace unos años se pusieron de moda los pick-ups, beneficiados en el precio ante el trato especial al desarrollo agrícola, lo que promovió el transporte desmedido de gente apretada en la palangana, como ganado. Se dice que dicha práctica está prohibida y riñe con los reglamentos de tránsito, pero los primeros que dan el mal ejemplo son los policías y soldados, quienes van en montones en dichos vehículos, con placa oficial y uniformados, transgrediendo lo que luego deben normar. Luego le tocó su turno a los pick-ups de doble cabina, para dar más comodidad a los pasajeros manteniendo el espacio de carga, y en lo económico en el interior y los barrios apareció la novedad del transporte público de los Tuk-Tuk, vehículos livianos que llegaron de los países orientales como solución al problema de densidad poblacional y el hacinamiento. Pero ahora lo que está atrayendo más son los vehículos de dos llantas, motorizados, y les seguirán las bicicletas, porque los precios actuales del combustible no los podrá aguantar mucho tiempo más el presupuesto mermado de nuestra población.
El desarrollo de las ciudades en el país debería de considerar la planificación de rutas especiales, paralelas, para quienes se conducen en dos ruedas, para proteger a los conductores. La otra mañana presencié cómo voló una mujer embarazada de tal vez siete u ocho meses, que quedó con los brazos abiertos al centro de la pista. El conductor hombre, que sí llevaba casco, fue a parar a varios metros de distancia, con todo y su moto. Los autos se detuvieron por un instante hasta que las bocinas los apartaron. En la actualidad hay que manejar con más cuidado, con cautela, porque las motos se escurren sin avisar. Es inminente la creación de vías alternas especiales para el creciente nuevo volumen de vehículos económicos. Si nos seguimos multiplicando, pronto seremos un remedo de los famosos barrios de el Cairo.
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