Los primeros fotógrafos llegaron a Guatemala de manera itinerante y se asentaron en los pueblos y ciudades por un corto período de tiempo creando revuelo entre los habitantes por la novedad del invento.
María Elena Schlesinger
Iban como nómadas cargando a cuestas su utilería fotográfica, retratando aquí y acullá todo aquello que les resultaba novedoso y extraño, pero también los momentos especiales e importantes de la vida cotidiana de la gente: instantáneas que han quedado inmortalizadas en sugerentes retratos color sepia, los cuales nos han permitido estudiar e imaginar nuestro pasado inmediato: el día del bautizo, el momento antes de partir de viaje, el día de la ordenación religiosa o el de la boda, estas últimas fotos generalmente de gran formato, en donde aparecían los novios con caras de asustados, rodeados por todos los invitados al evento.
Era costumbre de antes, mandar a regalar una copia de estas fotografías a cada uno de los asistentes retratados, ya fuera en bodas, bautizos, piñatas o primeras comuniones.
La más querida y dolorosa de todos estos retratos de ocasión, fue la fotografía mortuoria o funeraria, tomada en el cuarto del occiso: el difunto tendido en su cama, cubierto hasta la barbilla con el mantel de lino blanco –el que nunca se usó esperando dentro del armario la ocasión especialísima– acompañado según la costumbre cristiana con todos sus amuletos sagrados, el crucifijo, el escapulario y las reliquias de los santos, para llegar más rápido y a salvo a la otra vida.
En estas fotografías, el difunto es captado con los ojos cerrados, durmiendo para siempre el sueño de los justos, tal cual si se tratara de alguna de las imágenes de culto religioso de Cristos yacentes, tan arraigadamente importantes en nuestra cultura religiosa popular.
En estas instantáneas funerarias solían quedar retratados también los deudos del difuntos en riguroso luto, resignados ante su pena, contemplando a su ser querido en el instante último en la Tierra, ya fueran adultos niños o recién nacidos, los que solían ser llamadas fotografías de ángeles.
Estas bellísimas y acongojadoras fotografías eran colocadas en sitios privilegiados de la casa, en la sala o en dormitorio, y se constituían como parte fundamental de los altares funerarios caseros, frente a los cuales se rezaba la novena de difuntos o los que se organizaban para recordar el onomástico o el aniversario de muerte del ser querido.
A lo largo del tiempo, estas singulares fotos mortuorias han ido pasando de generación o en generación convirtiéndose reliquias familiares. Fotos singularísimas porque logran capturar el ámbito sagrado, no precisamente la muerte, si no lo caduca y efímera que resulta ser la vida.
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1 comentarios:
Manuel Lopez: (2008-02-23 10:01:15 horas)
muy interesante el dato acerca de este tipo de fotografías funerarias de antaño, la verdad nunca he visto alguna, aunque creo que verlas creo que me daría un poco de escalofríos.
1 comentarios: