Leo la prensa internacional y a los colegas columnistas tras el anuncio de la declinación del barbado Fidel Castro a la Presidencia eterna de su país, y no puedo menos que pensar: suerte la mía de no ser cubano. Y deseo con todas las fuerzas que aquellos infelices de la Isla algún día alcancen el régimen de plenas libertades que se goza en mi país, y en todo Occidente.
Cada ciudadano, un voto. Centavos más, centavos menos a la hora de financiar la campaña, todos con derecho a elegir y a ser electos. Y cada voto cuenta. Lo mismo el del hijo de vecino, que el de quien presta su helicóptero para transportar al candidato.
Ya tendrán los cubanos, me digo, cuando la democracia les llegue, oportunidad de estar representados en una Asamblea Legislativa como nuestro Congreso. Abajo el partido único y arriba el sistema pluripartidista que garantiza la auténtica representación democrática. La voluntad de las bases, escrupulosamente respetada, lleva al líder al poder y desde ahí se desvive por servir al pueblo.
Diputados como los nuestros merecen ellos. Hombres y mujeres que llegan a su curul a representar los intereses de los ciudadanos más humildes y de otros que no lo son tanto. Los dueños de las aseguradoras nacionales, por ejemplo, a quienes se les protege mediante una ley de tener que competir; o el propietario de los canales de televisión abierta, a quien se le tramita una reducción del pago del Impuesto Sobre la Renta. Nuestros diputados luchan por llevar tanta obra como se pueda a su distrito y hasta se sacrifican por montar una empresa constructora para edificar el progreso de su pueblo.
Feliz será el día en que los cubanos conozcan la independencia. Y con ella, la justicia pronta y cumplida. Jueces probos, incapaces de dejarse tentar por el dinero. Fiscales comprometidos con las causas de los más humildes. Un cuerpo de policía ágil e incorruptible.
Cuando muera el tirano, me digo, ya tendrán oportunidad de conocer a mejores servidores públicos dispuestos a administrar los fondos con entera transparencia, y a rendir cuentas sin ayuda de fideicomisos ni entidades financieras que les apañen sus buenos negocios o sus corruptelas.
Los presos políticos, de los que aquí no ha habido uno solo porque sucumben ante el más considerado interrogatorio, podrán caminar libres por las calles de su decadente capital, que muy pronto se verá colmada de los signos del auténtico progreso. Coca cola. Mc Donalds. Centros comerciales como los de Miami. Entonces tendrán la oportunidad de hacerse todos prósperos los cubanos.
Porque en nuestro sistema, el que no acumula riqueza es por haragán o por desidioso. Las oportunidades abundan en esta tierra tan fecunda y de clima tan benigno en la que toda semilla plantada crece. Incomprensible es que alguien padezca hambre, y aunque quizá de eso no sufran los cubanos, ahora tendrán la oportunidad de comer masitas de puerco fritas todos los días, sin miserias.
No saben nuestros amigos la dicha que les espera. Ojalá el futuro les alcance pronto. Y que entonces su felicidad sea plena.
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