Didácticamente, se puede hacer una analogía entre la organización de la empresa y la organización de la economía. Mientras en las empresas existe un sector sustantivo del negocio (fabricar y vender bolsas plásticas; o cultivar, cosechar y vender café; o comprar y vender repuestos), en la economía también hay un sector denominado real (por ejemplo, que importa fertilizantes o tractores, que cultiva y cosecha o exporta café), incluyendo servicios; esencial y usualmente el mayor generador de empleos.
A la par existe el sector financiero y fiscal, que al igual que en una empresa cubre el manejo de la tesorería, las inversiones, la contabilidad, recursos humanos, limpieza, etcétera, que en la economía podríamos asociar con la moneda y banca (financiero) y el Gobierno que brinda seguridad, justicia e infraestructura y servicios sociales (fiscal), siendo este un sector complementario y de apoyo al sector real.
Obviamente, conforme avanzan las economías hacia estadíos más desarrollados, de servicios, información y conocimiento, hay más complejidad, integración e interdependencia.
Recientemente, en Nueva Delhi, el director–gerente del FMI expresó que el mundo globalizado está enfrentando una crisis financiera que se propaga a la economía real y exige una solución de alcance mundial, haciendo necesario que los mercados emergentes se sumen a los países industriales en la adopción de medidas de política macroeconómica, regulatoria y transparencia.
En un repunte keynesiano, el director del FMI sugiere que si la situación no mejora, los gobiernos necesitan desplegar una política fiscal proactiva y, en el caso de países con poco riesgo fiscal, debieran aprovechar el margen de estímulo fiscal puntual y focalizado con el que puedan ampliar la demanda agregada para respaldar el consumo privado, siempre que esto sea pasajero. Parecería estar parafraseando a Lord Keynes: hay que actuar ahora, porque si esperamos al ajuste automático en el largo plazo todos vamos a estar muertos.
Aunque nuestro país muestra sólidos indicadores macroeconómicos, especialmente cimentados en los US$4.3 millardos de reservas monetarias, las sugerencias del FMI deben ser consideradas con cuidado porque no hay almuerzo gratis. Toda intervención en la economía tiene un costo, y la habilidad de los hacedores de política económica se verá si logran estimular la inversión privada y logran el mayor empleo posible, procurando que el sector fiscal y el sector financiero estén al servicio del sector real de la economía, y no al revés.
0 comentarios: