Álvaro Colom está a punto de deshacerse de José Manuel Moreno como Interventor de Aeronaútica Civil. Lo hace de una manera que contribuye a estigmatizarlo. También lo hace sin brindarle reconocimiento. Primero, porque puso en práctica un plan que ya se ha demostrado útil para el país.
La remodelación de La Aurora ha traído beneficios notorios y si se construye la nueva Terminal de carga, estos pueden ser mayores. Segundo, porque transformó una evidente debilidad nacional, el viejo aeropuerto, en una ventaja comparativa dentro de la región centroamericana. Tercero, porque lo hizo en poco tiempo y con calidad. En esto también merecen reconocimiento las empresas constructoras y sus trabajadores.
La Contraloría ha revisado la mitad de la papelería enviada por la OACI respecto al aeropuerto.
Hasta hoy, no ha encontrado indicios de corrupción, pero ha pedido más documentos para completar su estudio. El propio Contralor duda que vaya a encontrar un robo o sobrevaloración, aunque dice desconfiar de las cifras de OACI, que ubican en un costo bastante inferior al de otras obras semejantes, el metro cuadrado de construcción en el aeropuerto (US$528 en La Aurora, contra US$700 en Comalapa de El Salvador 11 años atrás, por ejemplo).
Pero el Contralor deja entrever que hay indicios de falta o delitos. Se refiere al convenio suscrito con OACI en el cual Aeronaútica supuestamente cede derechos soberanos. También sugiere que puede catalogarse de malversación de fondos el que la OACI haya pagado equipos (esenciales para el funcionamiento del aeropuerto como el sistema CUTE de los mostradores de las aerolíneas) en lugar de cancelar los costos de obra física. Ambos puntos supondrían responsabilidad legal para los funcionarios encargados, aunque no se llegara a demostrar que estas medidas beneficiaron económicamente a alguien.
Tanto Moreno, como su segundo de abordo, Tirso Córdoba, parecen haberse ganado la animadversión del contralor Mencos, quien ha mostrado un celo en el tema del aeropuerto que buena falta ha hecho para auditar los fideicomisos de Tu Muni en el PNUD o los gastos del Pacur por medio de la OIM.
Nadie puede recriminarle al Contralor que se esmere por realizar su trabajo. Sin embargo, también vale la pena considerar la posibilidad de que en este caso, como años atrás en el de Eduardo Weymann, se dé una persecución política y económica.
Moreno y Córdoba ganaron enemigos poderosos, como los rentadores de vehículos cuyos intereses se vieron afectados por un aeropuerto moderno. Esos empresarios son allegados al Gobierno de Álvaro Colom y se les atribuye relación con el vicepresidente Espada. Entre los no pocos enemigos de la obra también hay otros políticos con poder. Álvaro Arzú intentó impedirla.
Por último, la obra y sus autores no tienen quien les respalde. El ex presidente Berger y el ex vicepresidente Stein se hacen los sordos. Las dos bancadas de la exigua Gana no están para sacar el pecho por nadie. Y los usuarios del aeropuerto ignoran que el esfuerzo de quienes construyeron unas instalaciones modernas y funcionales podría terminar penalizado.
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