Escribir para nadie, y que el papel se coma la tinta. Más de alguien tiene el deseo de leer alguna línea escrita con el sentimiento y en el fragor de la desesperanza. Imaginar que los lectores acarrean el libro bajo el brazo y que en cada semáforo se devoran una frase, esperando encontrar la solución de sus problemas en tan solo una palabra. No darse por vencido, y pensar que esto puede ser lo básico. El sol calienta la frente, picando la piel, el pleito con la esposa que termina en agarrones y jalones. La siguiente frase llega de golpe: “Hay golpes en la vida, no lo sé…. golpes como del odio de Dios”, y de pronto el poema se vuelve realidad en la parte trasera del autobús, “como si bárbaros Atilas…” Vallejo pega en el presente, ¿que acarreo desde hace años, tal vez? Hoy mejor camino pensando en el Jarrón Azul, y me animo a pesar de lo que llevo encima.
0 comentarios: