Vilma y Carlota, compañeras del Sector de Mujeres, fueron dos de las 54 personas que murieron en el reciente accidente del transporte extraurbano. Todas y todos son víctimas de la impunidad porque los empresarios no asumen la responsabilidad que tienen frente al servicio público que prestan –un servicio en el que la vida de las y los usuarios les es prácticamente depositada– y porque el Estado no exige el cumplimiento de esa responsabilidad y no sanciona su violación. Junto al dolor, siento una profunda rabia e indignación porque la negligencia continúa siendo la principal causa de las muertes de esta naturaleza, nos sigue golpeando la cara con cinismo y no terminamos de reaccionar ante el horror del desprecio a la vida de quienes vivimos aquí.
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