Por estos días surgió un debate a través de correos electrónicos, en torno al periodismo cultural, las reseñas literarias, la crítica y otros oficios.
Rosina Cazali/No lugar
Por estos días surgió un debate a través de correos electrónicos, en torno al periodismo cultural, las reseñas literarias, la crítica y otros oficios. Una de las conclusiones es que las páginas culturales no pasan de ser espacios aburridísimos, producto de las rencillas y las prácticas del amiguismo, las preferencias, los odios y otros vínculos como lubricantes del engranaje laboral. Vaya. Es como para recordarles que los vientos de la época no es que sean muy halagadores, para nadie. No trato de buscar una justificación mediocre pero es un hecho. Todo suplemento o sección dedicada a la cultura parece sucumbir frente al océano avasallador del mundo comercial, los ganadores del Oscar, la gente famosa y sus millones o la última estupidez de Paris Hilton. En dimensiones y proporciones distintas, pero hasta quienes hacen las páginas culturales de los diarios más prestigiosos del planeta tienen que convencer día a día de que hablar de literatura, de arte, música y otros eventos creativos –carentes de marcas– significan algún tipo de beneficio para la sociedad. Ahora imagine usted el doble esfuerzo en nuestro caso. Estamos hablando de páginas que, según el prejuicio generalizado, parecieran importarle solo a un grupo tildado de elitista.
Dicho así, el panorama puede parecer triste y sin salida. Sin embargo, hay que aceptar que un debate no viene solo y este se desbordó porque hay tal atención a los medios, tal cantidad de actividades culturales que es imposible seguir funcionando con los formatos a los cuales estamos acostumbrados. Claro, el consejo de sumar páginas y contenidos se dice pronto. El tremendo dilema es encontrar quién las escriba, quién las lea y, por último, quién las comprenda. ¿Estamos realmente preparados para estos cambios? ¿Para un ejercicio crítico más serio?
En cuestiones de crítica pienso en la entrevista que le hiciera la periodista Mónica Luengas al Ministro de Cultura y Deportes. Hasta ahora, las secciones culturales han llevado el signo de la tolerancia que, dependiendo de cómo se mire, es profundamente civilizada o bien autocomplaciente.
Pero en esta se hicieron evidentes varias condiciones: que hay profesionales capacitados para asumir estos temas, la urgencia de artículos que nos enfrenten a realidades palpables, el efecto que pueden tener sobre la opinión y que ya de nada sirve andar de puntillas en los corredores de la cultura. En otra mano, quienes escribimos columnas de crítica gozamos de un privilegio inaudito, especialmente de autonomía intelectual, lo cual quiere decir que más de algo estamos haciendo bien. Pero eso no nos exime de renovar, siempre, la responsabilidad que significa escribir y preguntarnos si realmente estamos atendiendo las cuestiones que son relevantes. Disculparán mi referencia tan vana, pero vale la pena citar a Anton Ego y decir de vez en cuando: “Lo nuevo necesita amigos...”.
Los cambios no vienen solos. Semejantes tareas necesitan algo más que un debate centrado en las quejas y los reclamos de atención. Tal vez, para comenzar, un marco de discusión que propicie relaciones profesionales más adultas.
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3 comentarios:
jose cali: (2008-03-05 14:32:10 horas)
Creo conveniente tomar el punto de vista des senor Carlos Ruiz, nuestra escasa formacion, y poco habito de Lectura, aunque tengamos el habito de lectura, los libros No esta al alcance de nuestros bolsillos, mas sigue siendo elitista, solo esta al alcance de los que pueden, pues el mismo es parte de la Cultura,,,
Carlos Ruiz: (2008-03-05 10:28:50 horas)
El lector mayoritarío de los medios de comunicación masivo, busca algo fácil de digerir, encontrando en la mayoría de estos gráficas(fotos) y textos cortos con lenguaje casi coloquial de facíl interpretación, donde se tocan temas sin mayor contenido cultural, pero que para los medios es rentable. El problema de nosotros los guatemaltecos es nuestra escasa formación educativa, donde no se cultiva el hábito de la lectura, y las autoridades educativas y el Ministerio de Cultura y Deportes, carecen de políticas de calidad en la formación del niño y mucho menos del adulto.
Fue muy agradable encontrarme con su columna, leer la reflexión que alguien relacionado con el hacer cultural del país sobre el debate que se reinició unas semanas atrás. Nadie más lo ha tocado en sus espacios priviligiados (citándola). El día de hoy se llevará cabo un conversatorio sobre el tema ojalá alli se despejen algunas dudas y motive a aquellos que se dedican a monitorear las actividades culturales a jugar un papel más activo y profesional. Gracias por reflexionar sobre el tema.
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