Migrantes. Para cumplir sus responsabilidades básicas con los emigrantes, Guatemala no posee capacidades institucionales ni de cabildeo. El asunto merece una aplicación eficaz de recursos disponibles (cobertura y consulados pertinentes, diplomacia audaz) y otro enfoque de estrategia. Por ejemplo, promover coaliciones regionales, gubernamentales y no gubernamentales (iglesias, asociaciones, consorcios, etcétera), pues la capacidad de estos es muchas veces superior a la de los gobiernos. Asia. Geoestratégicamente Asia se perfila como un nuevo eje de las relaciones internacionales en el siglo XXI. Guatemala debe diseñar una política de largo alcance hacia ese continente y preparar funcionarios idóneos para llevar ahí una operación eficaz. Asia no es solo mercados, la política hacia esa región debe ser integral y traducir los intereses nacionales en todos los campos.
Ese es el sello que el Gobierno de Álvaro Colom quiere imprimir a las relaciones internacionales de Guatemala. ¿Cuál es su estrategia? ¿Qué chances tiene de lograrlo?
La definición de la política exterior del presidente Colom está en su Plan de Gobierno. Se llama “regionalidad” y está calzada con el lema “lealtad de vecino”. Expresa una vocación integracionista, que compagina con sus nombramientos en Cancillería. El ministro Haroldo Rodas posee una extensa hoja profesional en asuntos de integración económica, y uno de sus viceministros, Alfredo Trinidad, en integración política.
Pero el arco de la vecindad incluye otros países con agendas en marcha y, a la vez, desafíos ingentes. Con México, el tema de la seguridad fronteriza tiende a volverse crítico. Con EE.UU., las modalidades de combate al narcotráfico y las formas de cooperación en asuntos sensibles de la seguridad, puede dejar a Guatemala sin iniciativa ni márgenes visibles de autonomía. Con Belice, si se quiere impulsar una “solución definitiva al diferendo territorial”, la Cancillería deberá articular con urgencia y precisión una vasta operación política interna para ganar la consulta popular y someter el litigio a un tribunal internacional.
La política de regionalidad
El Plan tiene varias definiciones importantes: 1) La política exterior será reflejo del “nuevo modelo” sociopolítico y económico a instaurar, y expresión del equilibrio de intereses sectoriales. 2) Tiene vocación multilateral y quiere insertar en su agenda temas estratégicos como seguridad (incluyendo lucha contra las drogas y terrorismo, responsabilidades compartidas con la comunidad internacional), racismo, asuntos indígenas y migrantes, corrupción, transparencia y gobernabilidad. 3) La integración regional tiene doble propósito: es un medio para superar los graves niveles de pobreza y elevar capacidades de competencia comercial.
En este ámbito la meta es llevar a Centroamérica a la “etapa comunitaria” a través de rutas convergentes: reformar el Sistema de Integración Centroamericana (SICA, que Guatemala debería dirigir a partir de 2009); concederle poderes al Parlacen (un primer paso fue la reforma del Tratado en febrero); completar por fin la Unión Aduanera; promover Esquipulas III (“Esquipulas de los Pueblos”); una política de libre circulación de personas y materializar misiones diplomáticas y consulares conjuntas.
Otros temas son: 1) los migrantes (formular una política de Estado), 2) relaciones con la Unión Europea (imprimir una visión “reformadora” a la agenda en curso, que incluye el Acuerdo de Asociación, el fondo de Cohesión Social y asuntos de seguridad y defensa) y 3) modernización institucional de Cancillería (profesionalizar el servicio diplomático). Estratégicamente se busca “posicionar” al país con “liderazgo” y “credibilidad” para “incidir” en la agenda internacional.
Los primeros pasos
Dos fundamentos de su política son: 1) los tratados de libre comercio constituyen una ruta para el desarrollo. Y para sentar una base de coherencia con la política de comercio exterior el canciller Rodas promovió como Ministro de Economía a un ex colaborador suyo. 2) adherirse a la Declaración de París (2005) que alinea toda la cooperación tras las estrategias de desarrollo nacional, para lo cual se volvió a crear un consejo que coordine la cooperación (Cancillería, Segeplan, Ministerio de Finanzas).
Tras la búsqueda de márgenes de autonomía –y para mitigar la crisis energética– Guatemala ingresó este año a la órbita de países que buscan beneficiarse de la iniciativa Petrocaribe del presidente venezolano Hugo Chávez. La decisión original de Colom era unirse a sus homólogos de Nicaragua y Honduras a partir del 14 de enero –lo que motivó la asistencia del gobernante venezolano al acto de transmisión de mando–; no ocurrió así, pero la decisión sigue siendo coqueada.
En línea a fortalecer el servicio diplomático, Rodas convenció al mandatario de respetar a los embajadores de carrera y reincorporar a otros, de manera que los nombramientos políticos fueron escasos (Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Panamá).
Un mundo minado
De ahí en adelante hay un mundo minado, ante el cual, hasta donde se alcanza a ver, falta formulación de política y estrategia. En lo inmediato se presentan estos temas:
Migrantes. En la primera visita oficial de Colom a Washington, prevista en abril, la Cancillería se propone lanzar una “ofensiva” a favor de los inmigrantes. Podría ser un anuncio ambicioso considerando el momento electoral en EE.UU. Más realistamente se puede aspirar a un “acuerdo de palabra” –como logró El Salvador– para disminuir las deportaciones masivas.
Seguridad. A partir de marzo, México aplicará un control estricto sobre los vuelos no comerciales originados en Centroamérica para sabotear el paso de drogas y otros ilícitos. Esa suerte de “muro virtual” trasladará la presión violenta de los carteles de drogas hacia el lado guatemalteco. Sin una contrapropuesta estratégica de Guatemala en política de fronteras, crecerá la dimensión de la seguridad en el trato bilateral volviendo escabrosa la vecindad.
Drogas. Guatemala es territorio del narcotráfico, corredor del 75 por ciento de la cocaína consumida en EE.UU. La tolerancia de las autoridades locales a las operaciones de los carteles traslada in situ el tratamiento de esa amenaza a los oficiales estadounidenses. La pérdida de iniciativa y autonomía en este campo se proyectará hacia otras áreas de la política interna y externa.
Belice. El diferendo, para zanjarse, se llevará a un tribunal internacional. Para eso el Gobierno debe ganar el consentimiento del pueblo a través de una consulta popular. Preparar esa consulta y hacerla legítima requiere una compleja ingeniería que Relaciones Exteriores debe promover rápido, aspirando a allanar la ruta al siguiente Gobierno.
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2 comentarios:
Carlos Escobedo: (2008-03-16 17:06:07 horas)
Apasionante. Modestamente lo invito a que lea mis articulos de La Hora los dias miercoles en donde he abordado el tema de politica exterior y la planeacion estrategica a largo plazo.
rene posadas: (2008-03-09 07:47:58 horas)
Denle prioridad al problema de los migrantes y al problema de Belice.
2 comentarios: