Yo me pregunto si el nuevo Gobierno hubiera destituido al señor José Moreno Botrán con redoble de tambores, como lo hizo la semana pasada, si el apellido del ex director de Aeronáutica Civil no oliera como las barricas de la licorera; quizá si el hombre que se encargó de modernizar el aeropuerto se llamara Joviel Acevedo y hubiera sido ya oído y vencido en juicio por abandono de labores; quizá si fuera el rey de los bochinches y amenazara con dejar a los niños del país sin escuela, entonces, sí tendría el señor Moreno Botrán el pedigrí para convertirse en objeto de mimos y consideraciones por parte de la nueva administración, hasta para entrar con alfombra roja a la Presidencia del Congreso a pedir amnistía.
La remodelación de La Aurora fue el único de los “megaproyectos” que el Gobierno de la Gana logró llevar a cabo. Se trata de una obra de infraestructura enorme que consumió mucho dinero y por eso también desató muchos rumores acerca de la manera en que se utilizaron los fondos dedicados a la construcción.
Alguna de esta información sí está confirmada desde hace meses, como el traslado de partidas del Ministerio de Educación por Q200 millones al aeropuerto, una cuestión ciertamente criticable, pero no lo peor que se ha visto por estos lares.
Sin embargo, la mayor parte de cuanto se dice sigue siendo rumor. La Contraloría de Cuentas lleva más de un mes de estar revolviendo papeles en busca de evidencia de malos manejos o tráfico de influencias, y todavía no ha sacado a luz ningún documento que justifique la patada que le acaban de meter al señor Moreno Botrán.
Cualquiera que se meta a negocios turbios merece ir a juicio y pagar su crimen en la cárcel, así provenga de la más rancia aristocracia criolla. Pero resulta canallesco, ingrato y ruin deshonrar a una persona con acusaciones que hasta el día de hoy siguen sin fundamentado, cuando encima de todo, los resultados a la vista de su trabajo son buenos.
Todos los gobiernos queman al principio fuegos artificiales para fingir una arremetida contra la corrupción. De esta manera evitan meterse a fondo en el tema y hacer los cambios necesarios para prevenir los gavetazos y los suculentos negocios con contratos del Estado.
La Gana también lo hizo –incluso con más alharaca– y con paupérrimos resultados. Un cafecito entre Óscar Berger y Efraín Ríos Montt bastó para poner fin a las indagaciones, dejar parqueado al Comisionado por la Transparencia y asegurarse de que las cosas siguieran como siempre.
No me extrañaría que ahora estemos viendo la repetición de la misma película y que, en cuestión de días y semanas, el nuevo Gobierno le baje los decibeles a la intervención del aeropuerto y ahí muera el asunto.
Mientras tanto, mucho me temo que el Ministerio de Comunicaciones continuará funcionando como uno de los mayores centros de corrupción del Gobierno, pues de todos es sabido que ese lugar se maneja como una auténtica mafia donde los millones de las carreteras salpican a burócratas y empresarios por igual.
Pero más grave incluso que la injusticia que podría haberse cometido contra el señor Moreno Botrán o la proverbial falta de voluntad para combatir la corrupción, este despido vuelve a confirmar la visión clientelar que tienen nuestros dirigentes políticos del Estado y la interrupción de procesos capaces de crear avenidas de desarrollo para nuestro país.
No sé cómo le vaya a ir al nuevo director de Aeronáutica, el señor José Carlos Suárez, pero sus primeras declaraciones dan pena. Alguien, por favor, que le pase la Ley de Aeronáutica para que por decencia le dé una revisadita y no diga que lo único que sabe del tema es cómo sacar su licencia de piloto. Por el bien de Guatemala espero que el señor Carlos se reivindique y que bajo su gestión el aeropuerto siga floreciendo, aprovechando, por ejemplo, las posibilidades de abrir un “hub” de carga que nos dé una ventaja competitiva a nivel de la región.
Tengo un amigo en el Banco Mundial que suele afirmar que el problema más grave de Guatemala estriba en nuestra falta de seriedad. Bueno, con este aeropuerto por lo menos aparentamos ser un país serio. Si ahora dejamos que colapse, va ser peor que si no lo hubiéramos tenido nunca.
Ahora ya sabemos que se puede: hay acceso a la tecnología y el buen servicio es rentable. Falta ver que estos señores no echen por tierra lo avanzado y que podamos seguir hacia delante.
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