El genial director sueco Ingmar Bergman nos hereda la desesperanza de no saber dónde dejó escondidos sus huevos la serpiente. Lo único cierto es que los ofidios romperán el cascarón y su veneno es activo desde los primeros minutos de sus reptantes vidas. Muy diferentes de los huevos de conejo ocultos solo hasta Pascuas. El escaso entendimiento del conejo nos ha dejado en herencia los huevos de Eduardo Stein en toda la estructura del Estado y su cacería no será ninguna Pascua.
Las innumerables ONG que se alimentan del Estado y cuyo destino es paralizar al Gobierno las instituciones creadas para enjuiciar al Gobierno y cómodamente protegidas por inmunidades.
Recuerda el lector haber visto a Eduardo Stein y a su escudero Frank La Rue aplaudiéndole a la Directora de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que criticaba acremente al Gobierno de Berger. Demasiados años de estar pateando el nombre de su país, lo hicieron olvidar la obligada discreción si no dignidad de Vicepresidente. Olvidó de qué lado estaba y privaron en él sus hábitos de la vieja pareja FrankandStein que yo combatí en Naciones Unidas y a quienes vencí cada vez que intentaron condenar a Guatemala en mis terrenos, defendiendo a gobiernos democráticos de ser confundidos con asesinos por la diplomacia de la narcoguerrilla.
La coraza de Stein le permite sentirse ungido como candidato a más altos destinos, la Secretaría de la OEA, y con el apoyo del actual ingenuo gobierno. Su candidatura nace muerta aunque todos conocemos su capacidad para hipnotizar animales tontos, conejos, monos, gallinas, pijijes y otras aves de corral, corral, pero en palenques más amplios, usted siempre ha fracasado, quizás es por su encanto personal y frankeza contagiosa, aparte puede arrogarse usted la paz en Guatemala como logro personal pues usted no es un agente de paz.
Sería muy pretensioso y abusivo ignorar a qué señores ha servido. Arzú sería un buen candidato, usted no. Vinicio tendría legítimo derecho de lanzarse, pero ni siquiera él se atrevería a engatusar al actual Gobierno para que arriesgue su naciente acervo internacional gastándose una fortuna de las arcas, que usted dejó rebosantes, en ensalzar su estatura de empleado, no de líder internacional. Su mayor escollo es que Guatemala, con todas sus carencias profesionales, sí tiene buenos internacionalistas, que usted ha eliminado de sus puestos para que no le opaquen.
¿Qué le parece Edmond Mulet? mucho más calificado que usted y echado del servicio por usted; aunque se haya usted transvertido en el ministro ferretero, cuyo nombre nadie recuerda, igual que se olvidarán los fracasos y los nombres de Pert Rosentahl, el suyo y otros teóricos de salón sin riesgo, sin pena ni gloria.
Las protestas que yo le vaticino afectarán internamente al novel canciller, libérelo de su genial superchería, evítele interpelaciones, no lo haga quedar como un ingenuo. Comprenderá que los ciudadanos y sobre todo los legisladores, se preguntarían qué le están pagando al fracasado Gobierno que ya terminó, ¡gracias a Dios! Piense en la carrera de su amigo en manos de la bancada del general Pérez Molina. Su plan es ya evidente, hizo usted nombrar al fracasado Embajador ante Naciones Unidas que perdió las votaciones para que Guatemala entrara en el Consejo de Seguridad, pero que es de sus incondicionales y va a la OEA a recibir sus órdenes.
Ya deje en paz a Guatemala, váyase a Panamá, donde será bien recibido por haber logrado para ellos el puesto de Guatemala en la ONU. Váyase allá a gozar de sus frescos melones con Serrano. Viajar es vivir, pero Arévalo no quería decir vivir de los demás.
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