En una sala repleta de familiares de víctimas, querellantes, testigos, abogados y periodistas, ayer se realizó el primer debate público por desaparición forzada en contra del acusado Felipe Cusanero Coj, que en la década de los ochenta era conocido como el comisionado al servicio del Ejército y quien, con el apoyo de otros, capturaba a miembros de la comunidad de Chuatalum, de San Martín Jilotepeque y les acusaba de guerrilleros, los conducía al destacamento y no se volvía a saber de ellos. Según consta en autos, les llevaba amarrados y cuando se atrevieron a reclamar la libertad, les dijeron que “no se les podía dar en libertad, porque eran mala semilla” Veinticuatro años después, Cusanero Coj, indígena, de apariencia humilde y sereno, es sentado en el banquillo de los acusados para que dé cuenta por lo menos de seis personas detenidas desaparecidas en esa región, pues según los familiares se negó a indicarles en dónde se encontraban los restos de sus seres queridos. El debate fue obstaculizado por el abogado defensor que interpuso ante el tribunal dos incidentes: uno por la vulneración al principio de retroactividad de la Ley y otro por el principio de legalidad, además de desconocer el fallo de la Corte de Constitucionalidad de 2007, y de retorcer la Constitución, el abogado sacó a relucir la función de la Corte Penal Internacional frente a la cual Guatemala mantiene.
Con apego a derecho el tribunal y los abogados de los querellantes coincidieron en que la desaparición forzada es un delito continuado, que se trata de crímenes de lesa humanidad que no prescriben e hicieron uso de instrumentos internacionales para fundamentarlo.
El acusado permaneció en silencio, de vez en cuando levantó la vista para ver al tribunal y a los abogados y querellantes, no parece ser el hombre sobre el que pesan las desapariciones forzadas, no solo de los seis por los que se le juzga sino posiblemente de muchos más que los familiares hasta el momento no se atreven a denunciar, pues hay que recordar que en esa región de Chimaltenango, en donde se desarrollaron innumerables ligas campesinas, muchos de los dirigentes o fueron asesinados en las veredas y caminos o detenidos desaparecidos hasta la fecha. La importancia de un juicio de esta naturaleza radica en el precedente que sienta para el futuro el golpe que acierta a quienes aún siguen impunes.
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