El 15 de septiembre de 2021, dentro de apenas 13 años y pocos meses, se cumplirán 200 años desde aquel 15 de septiembre en que surgió a la vida la República Federal de las Provincias Unidas de Centro América, conformada por territorios que fueron cuna (al norte de la región) de la milenaria cultura maya y que en el período colonial integraron el territorio de la Capitanía General de Guatemala, que se extendía desde el Estado de Chiapas (hoy al sur de México) hasta la actual frontera de Costa Rica con Panamá, espacios todos ellos poblados antes y ahora, por nativos de estos suelos, en donde florecieron formidables culturas con lazos comerciales hacia el sur y el norte de América.
Desde su temprana existencia, las clases dominantes en aquellas provincias, no dieron sostenibilidad a la República Federal y esta sucumbió víctima de la prevalencia de los pequeños intereses locales que dieron al traste con el intento federativo y conformaron las cinco repúblicas centroamericanas, ya sin el territorio de Chiapas y Soconusco, a las que se unió Belice a finales del siglo, sobre el territorio en disputa entre Guatemala y el Reino Unido y que, como joven nación independiente forma parte de la asociación de países denominada Commonwealth encabezada por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.
No han sido pocos los intentos por restaurar por la fuerza de las ideas y en algunos episodios de la historia regional, hasta por la fuerza de las armas, a la nación centroamericana; igualmente, son numerosos los esfuerzos por alcanzar la integración regional, entre los cuales merecen especial mención la creación de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA) (San Salvador, octubre 1951); la firma del Tratado General de Integración Económica Centroamericana (Managua, diciembre 1960); y, la creación del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) (Tegucigalpa, diciembre 1991), marcos jurídicos que se completan con numerosas instituciones que a pesar de décadas de existencia, lamentablemente han avanzando poco, dando pasos para adelante y para atrás sin lograr la conformación de una región económica y políticamente integrada; de hecho, en lo que corresponde a la unión política, habría que reconocer que está muy distante, a pesar del deseo de muchos centroamericanos de todos los países.
Es evidente que en los últimos lustros, ante el empuje de la globalización, los pequeños países centroamericanos se percatan de que su actuación de conjunto en múltiples áreas tales como la economía (políticas fiscal, monetaria, financiera, industrial, agrícola, comercial); medio ambiente, energía, seguridad regional, combate al crimen, al contrabando y al narcotráfico, entre otros, ofrece más ventajas que dificultades y que la cesión de soberanía que la cooperación regional implica para la efectividad de la actuación conjunta, se justificaría plenamente.
Los recientes tratados de libre comercio y el Acuerdo de Asociación con Europa, actualmente en negociación, se constituyen en un significativo estímulo a los esfuerzos integracionistas. De hecho, aunque insistimos en vernos como países separadamente, desde fuera, muy especialmente desde Europa, somos vistos como región y las posibilidades de avance de los procesos de negociación hacia un Acuerdo de Asociación con esa próspera unión, incluyendo temas económicos, políticos y de cooperación, podrían acelerar los procesos de integración y permitir que Centroamérica como región sea una realidad al momento de cumplirse los 200 años de la independencia de España. ¡Ojalá y así sea!
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