“. . . son libres e independientes de la antigua España, de México.
Julio Vielman
En la columna del martes 11 de Lizardo Sosa (¿Centroamérica por fin, a los 200 años?), se lee: “. . . aquel 15 de septiembre en que surgió a la vida la República Federal de las Provincias Unidas de Centro América . . .”. La realidad histórica es un tanto más complicada que eso.
Las partes pertinentes del Acta de Independencia del 15/9/1821 solo dicen que “ . . . siendo la Independencia del Gobierno español, la voluntad general del pueblo de Guatemala. . .” (que es una forma laberíntica de declarar la independencia), para luego decir que ello es ” . . . sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse (el que) deba decidir el punto de independencia y fijar en caso de acordarla, la forma de Gobierno, y ley fundamental que deba regir. . .”.
Por esta ambigüedad es que algunos historiadores no creen que el Acta haya hecho una categórica proclama independista, y que si así se quisiese ver, se hizo en una forma condicionada a futuras decisiones. Aunque la misma Acta decretó una jura de la independencia por las autoridades, el clero y el pueblo en general.
Sea como fuere, a los pocos meses del 15/9, el 5/1/1822; la Junta Provisional Consultiva del Gobierno de Guatemala decretó la unión de Centro América, al que era entonces el Imperio de México, borrando con el codo izquierdo lo que el derecho había hecho el 15/9. Así pues, se sustituyó una monarquía sojuzgadora (la española) por otra monarquía (la mexicana).
No fue sino hasta el 1o. de julio de 1823 que un Congreso con representación de todas las provincias centroamericanas decretó que dichas provincias “. . . son libres e independientes de la antigua España, de México y de cualquiera otra potencia. . .”. Por si al caso quedara duda de la legitimidad de este decreto, una recién electa Asamblea Nacional Constituyente el 15 de octubre de 1823 lo ratificó. Esa Constituyente, finalmente, el 22 de noviembre de 1824, aprobó la carta constitutiva de la Republica Federal Centroamérica, a la que se refiere Sosa en su columna, cuya eventual fragmentación lamenta y vivamente anhela su resurrección.
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