El Papa recibe de todo, pero las cosas van para el Vaticano.
Méndez Vides
Leí en las noticias que a nuestro nuevo Presidente le dan regalos en dondequiera, y que ya tiene instrucciones precisas sobre a dónde mandar lo que es suyo, porque todo va para su casa, digo, su bodega, porque en cada foto vemos a alguien entregándole un morral bordado o una pintura. Asunto que se me enreda y no comprendo, porque nada es para él, sino para el cargo. El Papa recibe de todo, pero las cosas van para el Vaticano. Y lo que más preocupa es su afición por andar pidiendo jalón a sus nuevos amigotes, los industriales, a quienes quizá ya conocía pero que ahora son muy atentos, para que lo lleven en sus aviones privados, de gratis, a un lado y otro. Aún no ganaba las elecciones y ya se había puesto en claro que eso de andar en aviones comunes, como todos los cristianos, no era lo suyo. A Álvaro Colom le gustan las comodidades.
Me sorprenden dichas debilidades porque yo me formé en el tiempo de la utopía, cuando era relevante la conciencia social, porque estudié en la USAC en los tiempos del descalabro del presidente Lucas, e ingresé a mi primer empleo como profesional en una empresa inglesa donde se me enseñó a ser parte del equipo y todos representábamos a la misma institución a la que nos debíamos, porque nuestro deber era hacer bien lo correspondiente y a cambio se nos pagaba. Nunca nos echaron flores por cumplir, pero sí nos llamaban la atención por los errores. Y cuando llegaban las fechas delicadas, como la Navidad, ya sabíamos que ningún regalo que nos llegara era nuestro. Lo que se recibe es por el puesto que se ostenta, y por lo tanto entregábamos las cosas al departamento de personal para que se deparara su uso a la empresa o hicieran un gran paquete de regalos que luego repartían o rifaban entre los trabajadores. El principio era claro: quien te regala, te compromete.
Recuerdo una mañana tras ser ascendido de puesto, cuando un proveedor llegó a visitarme. Acababa de entregar su producto a bodega y le hacía falta mi firma de aceptación. Yo revisé sin mayor cuidado la muestra y me pareció bien, así que estampé la firma ingenuamente, hasta cuando el tipo sacó una caja con dos corbatas finas y me las obsequió. Yo me sentí humillado. ¿A qué se debe esto?, pregunté. Él me explicó que acababa de pasar por tal tienda, y que pensó en mí, y que para felicitarme por mi nuevo puesto había pensado en un detalle. Le di las gracias pero retuve los documentos y me fui a la bodega. Revisé caja por caja y encontré el problema. Devolví el envío para que lo repitieran, y las corbatas se fueron directo al departamento de personal. Eso era lo común, lo que teníamos que hacer. El ejemplo que nuestros superiores nos brindaban.
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1 comentarios:
Mario Figueroa: (2008-03-13 13:53:55 horas)
Es que eso es en la iniciativa privada donde las personas estan contratadas para funcionar efectivamente, de lo contrario son despedidas y con mancha en su expediente.
Lamentablemente nuestros gobernantes se rigen bajo la norma de "agarra cuanto podas mientras podas" y no desempeñan el cargo para el que fueron electos.
1 comentarios: