De los árboles de los viejos barrios, a las modernas alfombras
La pérdida de una tradición contrasta con el encarecimiento de las flores de temporada, que los devotos se ven obligados a comprar.
Claudia Palma
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Rafael Pacheco para elPeriódico
Bernal Díaz del castillo hace referencia a las alfombras durante la época del emperador Moctezuma.
Aserrín, pino, corozo, estaticias, azucenas, crisantemos y pétalos de rosa adornan las alfombras de la Semana Santa.
Años atrás, los patios y los huertos de las casas solariegas del centro de la ciudad, eran las principales proveedoras de los insumos para elaborar las alfombras. Hoy, la reducción del espacio y la venta de los inmuebles por sus antiguos dueños, que conlleva el paulatino despoblamiento del centro, casi acaba con la tradición de recolectar las flores y el aserrín en canastos como solía hacerse. Es por esta razón que quienes se dedican a hacer alfombras, deben pagar casi el doble por los materiales para elaborarlas en esta temporada.
Hay flores que aunque estén frescas, parecen secas como las tradicionales estaticias moradas. Un ramo cuesta normalmente Q5. Sin embargo, esta semana se cotizan en las secciones de flores en Q10.
Las azucenas –las flores que junto al corozo caracterizan la Semana Santa- y que normalmente se paga a Q8, ahora se ofertan en los pasillos del Mercado Central a Q15 cada ramo.
Con su olor que recuerda a las limonarias, estas palmeras cuya vida útil oscila entre los 30 y los 35 años, el corozo, se oferta como mínimo en Q20.
En tanto que la libra de aserrín puede comprarse desde Q5 y el costal a Q60 en el mercado Colón, uno de los que surte a los devotos vecinos que hacen alfombras para las iglesias de San José y Santo Domingo. Allí pueden conseguirse también bolsas de pino a Q5.
Los crisantemos, herbácea que también se caracteriza por ser resistente, fácil de cultivar y amante de la luz exterior, duplica su precio en esta temporada. Son populares por la variedad de colores.
En tanto que otras flores menos usadas en la elaboración de alfombras, como las rosas, las shastas y las hierberas, mantienen sus precios regulares.
Siglos atrás
La primera huella histórica de las procesiones data de la época prehispánica, detalla el historiador Fernando Urquizú. El primer testimonio que existe de las alfombras es de Bernal Díaz del Castillo, en la Crónica de la Verdadera Historia y Conquista de la Nueva España y Guatemala. El episodio relata el encuentro del empredor Moctezuma II y Hernán Cortés en la Antigua Tenochtitlán.
Díaz describe tendidos de flores sobre las calzadas, y además detalla que los cuatro sobrinos del emperador Moctezuma que cargaban el anda, se quitaron las capas y las tendieron a su paso. Esta es una raíz profunda de las alfombras.
Se debe a Fray Raymundo Ribeiro y Jacinto, arzobispo de Guatemala a principios del siglo XX, haber hecho una nueva organización de las de Semana Santa. Fue él quien asignó a cada barrio una procesión. En Palencia todavía se conserva la costumbre de hacer alfombras con diversas hojas.
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