Esto nos pasa por dejados. Cuando una turba de supuestos campesinos secuestró el mes pasado a una delegación policial entera en Izabal, el Gobierno debería haber perseguido y enjuiciado de inmediato a los responsables. De esa forma, estos delincuentes con pose de guerrilleros hubieran estado ocupados dando explicaciones a los fiscales del Ministerio Público en vez de tener tiempo para maquinar un nuevo secuestro, ahora de turistas.
Por fortuna, los cuatro belgas y los dos guatemaltecos que fueron tomados como rehenes el pasado viernes mientras paseaban por Río Dulce ya fueron liberados y gozan de buena salud. Pero esta providencial situación no exime de responsabilidades a quienes cometieron el crimen de privarlos de su libertad y, de paso, le asestaron un duro golpe a la industria turística de nuestro país.
Si el Gobierno se cruza de brazos nuevamente y este grupo de invasores no empieza a entender que violar la ley de manera tan alevosa y grave tiene consecuencias, no solo se les está dando permiso para cometer fechorías, también se está abriendo la puerta para que otros grupos en Guatemala sigan su ejemplo.
Hace apenas unos días comentaba yo en este espacio que escuché en la radio a uno de los “líderes comunitarios” de Livingston decir disparates en la radio. Según él, la Constitución le otorga a él y su grupo “libertad de acción”, y eso significa que pueden hacer lo que se les venga en gana, como ir secuestrando gente por ahí.
En este nuevo contexto, leí que exigían que registraran a su favor, como legítima propiedad, las tierras que tienen invadidas, y que según entiendo pertenecen a otra persona. Ve qué de a tú. A la próxima agarran a Álvaro Colom y uno de ellos se proclama Presidente .
El Gobierno no puede permitir que se siga agravando este vacío total y absurdo de autoridad que tiene a la población a merced de los delincuentes: desde los que se disfrazan de banqueros hasta los que se creen la reencarnación del Ché Guevara. Si la ley existe, ha de cumplirse y con todo su rigor. Es imperioso que se ponga fin a los abusos, pues de lo contrario se pierde el principio elemental que permite la convivencia pacífica: el respeto al derecho ajeno.
A nadie escapa que la industria turística entraña un potencial enorme para el desarrollo de Guatemala. Nuestro país reúne maravillas de la Naturaleza y tesoros culturales sin par en la región. Pero de nada sirve tanta riqueza si no se puede garantizar a los visitantes que pueden admirar nuestras bellezas sin arriesgar el pellejo. No se puede anunciar “¡Venga a Guatemala y sienta cómo le fluye la adrenalina!” No creo que el mercado de turistas kamikazes dé para sostener muchos hoteles.
En Antigua Guatemala, el movimiento Panchoy 50 se está organizando precisamente con el objeto de mejorar, en primer lugar, la seguridad pública, de tal forma que cesen los asaltos y las violaciones a turistas, que suelen ser las víctimas predilectas de los criminales.
Los empresarios del turismo en el área norte del país deberían seguir su ejemplo y exigir al Gobierno, todos al unísono, mayor presencia del Estado: no solo para mejorar la seguridad sino para abrir oportunidades de desarrollo que le quiten las excusas de la boca a personajes sin escrúpulos como estos secuestradores.
En lugar de contemplar a estos señores –que si pobrecitos, que si son campesinos—el Estado debe actuar con la firmeza que el caso amerita. Tanto en Izabal como en Petén y el norte de Alta Verapaz, la ausencia total de la fuerza pública ha creado “territorios liberados” que hoy están a merced del narcotráfico y otras mafias.
Colom tiene que ir a rebuscar en sus discursos de campaña toda su teoría de los famosos “corredores del crimen organizado” y hacer algo pronto para instaurar el orden en esas regiones abandonadas. Y también urge que se pongan de acuerdo en las explicaciones que van a dar a la prensa. Esta vez, según el vicepresidente Rafael Espada los secuestradores de los belgas solo pidieron el retiro de la fuerza policial, y según el secretario de Comunicación, Ronaldo Robles, hubo canje en alta mar de los turistas por campesinos. Quién sabe qué habrá pasado, lo cual también da vergüenza ajena, pero lo crucial es lo que debe pasar ahora: el arresto y juicio de los secuestradores de Livingston.
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