Con esta muestra bajo el nombre de Trans, prefijo que significa “al otro lado” y “a través de”, el Centro Cultural de España continúa explorando el tema de la transculturación.
Lucrecia Cofiño de Prera
Trans
> Centro Cultural de España > Vía 5, 1–23 zona 4, Cuatro Grados Norte
Se trata de planteamientos sobre los procesos de cómo las formas de cultura que proceden de otros pueblos sustituyen las propias y la nueva realidad que surge de ese intercambio.
Para ello, se convocó a un grupo de artistas que abordaron el tema desde sus propias líneas de trabajo: Adrián Arguedas (Costa Rica), Marlov Barrios (Guatemala), Moisés Barrios (Guatemala), Benvenuto Chavajay (Guatemala), Milena García (El Salvador/San Francisco), Lucía Madriz (Costa Rica), Arturo Monroy (Guatemala), Joaquín Rodríguez Del Paso (Costa Rica), Betsabé Romero (México) y Ernesto Salmerón (Nicaragua/Tokio).
Arguedas confirma la importancia del arte figurativo, así como la de una técnica clásica como la pintura, en Un impostor, Serie: Súper Héroes, cuyo contenido simbólico bosqueja un fenómeno que se produce desde la infancia.
En la imagen se observan tres personajes, a la manera del retrato tradicional, de posición frontal y mirada hacia fuera para hacer encuentro a los ojos del espectador. El artista consigue una rica textura visual con pinceladas gruesas y seguras y una paleta reducida a pocos matices.
Es provocador descubrir cómo los tres niños perciben el mundo y desenmascarar sus sentimientos ambiguos, entre afligidos y divertidos, en el intento por asumir, a través de los disfraces, la personalidad y aplomo de los superhéroes de cómic importado.
Rodríguez del Paso se vale en sus pinturas de la estrategia del POP, campos planos de colores vibrantes, pincelada homogénea, narrativa simple y una lectura clara en Honey, I bought the waterfall (Tesoro, compré la catarata). La escena es idílica: una típica pareja norteamericana, sentada sobre la hierba, desatiende la canasta del picnic después del refrigerio para voltear a ver el paisaje.
De esta manera, el artista provoca una reflexión, con fuerte acento irónico, sobre las formas que asume el neocolonialismo imperialista en nuestros países.
Sobre el piso, en el vestíbulo del nivel de acceso al centro, fue ubicado Frijol de lujo, pieza tridimensional (fibra de vidrio, pintura automotriz y vinil) de Arturo Monroy. Se trata de un soberbio y radiante frijol, con carga fuertemente identitaria, que nos plantea con su inscripción de letra estereotipada, código de barras y signo de derechos reservados, una dura realidad económica, política y social.
Según el texto museográfico, para Fernando Ortiz, antropólogo cubano quien acuñó el término, “…la transculturación implica la transición entre dos culturas, ambas activas, ambas contribuyentes con aportes en doble vía, y ambas cooperantes para que surja una nueva realidad de civilización”. Hermosa muestra, poderosa y llena de matices, ¡no se la pierda!
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