Bienvenidos a la realidad. La Selección Sub-23 perdió el boleto a las Olimpiadas de Beijing, los secuestradores de Livingston demandaron al Estado antes de que la Policía agarrara a uno solo de ellos y el nuevo Gobierno decidió pegar el tiro de gracia a Pronade, el programa de autogestión educativa que logró llevar maestros y escuelas a la totalidad de niños en Guatemala.
Las noticias de esta Pascua no son buenas. Ahora que ya pasaron las procesiones y la marea de gente bajó en las playas, hay que quitar el aserrín pisoteado, recoger las bolsas de plástico de la arena y enfrentar la resaca que nos deja ese estado de inconciencia colectiva que nos gusta abrazar desde el Domingo de Ramos.
El legado más lúgubre de esta Semana Santa es el acta de defunción de Pronade. La nueva administración entró decidida a arremeter contra el programa y trabajó duro para acabar con él en los primeros 60 días de gestión. Ahí invirtieron la energía y la dedicación que nos hubiera gustado que emplearan en cumplir su principal promesa de campaña, el corito aquel que tronaba cada tres minutos en la radio, ¿se acuerdan?, “la violencia se enfrenta con inteligencia”.
Triste comprobar que lo único que la UNE tenía realmente preparado para hacer Gobierno era el asalto al Pronade que les diseñó amablemente Joviel Acevedo. Ahora, el golpe está dado y la nueva administración puede jactarse de la proeza. Felicitaciones, ojalá tengan un plan bien estructurado para, al menos, mantener los niveles de cobertura en educación primaria y evitar retrocesos imperdonables.
En lo personal, yo no estoy muy optimista. Durante décadas, el Ministerio de Educación fue incapaz de llevar escuelas a todos los rincones del país y garantizar que los maestros dieran clases los cinco días de la semana. En diez años, Pronade logró cubrir esas deficiencias gracias a la participación de los padres de familia, principales interesados en que los niños obtengan los beneficios de la educación.
Desde luego, el sistema tenía defectos y podía mejorarse en muchos aspectos, entre ellos las condiciones salariales de los maestros. Pero la esencia del modelo radicaba en la responsabilidad otorgada a los padres de familia en la gestión de las escuelas de Pronade. Ahora habrá “supervisores” que cumplan esa tarea. No sé qué menjurje pueda inventar Ana de Molina para lograr que estos funcionarios cumplan con su tarea por primera vez en la historia y que dejen de ser susceptibles a pactar convenientes “arreglos” con los maestros irresponsables que no honran su profesión.
En lugar de concentrarse en expandir las metas de cobertura de educación secundaria o hacer un esfuerzo significativo con las escuelas de preprimaria (crucial para el éxito en primer grado), el nuevo Gobierno ha decidido darle cara vuelta al sistema que permitió alcanzar, por lo menos, uno de los propósitos explícitos de los Acuerdos de Paz.
Ya en otra ocasión comenté que la causa principal de esa fobia bubónica contra Pronade es ideológica, pues contradice el dogma de la centralidad del Estado. Ojalá nuestros políticos fueran un poco más prácticos y tuvieran la sensatez de no estropear lo que funciona en aras del credo sacrosanto que aprendieron a recitar en la universidad.
Y ojalá los funcionarios electos se interesaran por cumplir a los votantes en general, no a los grupos de interés que los manejan como títeres. Pero supongo que eso es ir contra la naturaleza humana, siempre propensa a velar por su propia nariz antes que por la del prójimo, y de nuestro sistema político, repleto de trampas clientelares.
Hay que tener mucho cuidado en las primeras grandes decisiones de Gobierno, porque marcan una administración. El presidente Álvaro Colom puede creer que sus buenos deseos bastan para hacer época, pero se equivoca: los latidos de su corazón no trascienden. Solo él puede sentir sus arrebatos de patriotismo. Lo que vemos los demás son hechos.
Acciones como esta –el fin de Pronade- son las que definen un período de Gobierno. Esperemos que tengan bien pensado cómo van a fortalecer el sistema y, sobre todo, que cuenten con las personas adecuadas para ejecutar su plan (en el supuesto de que existe).
En cuatro años habrá que rendir cuentas y ahí sí: son muchos más los padres de familia que irán a las urnas a dar su veredicto, que los maestros que brincan tras Joviel Acevedo.
Agregar comentario:
19 comentarios: