Las luces tenues de la calle apenas si dejan ver la silueta que en la oscuridad camina como despegada del suelo, solo el aire tibio de la noche acompaña su presencia. Don Anselmo va tambaleándose, con su porte de Indio Joe de las novelas de Tom Sawyer, busca con ansiedad la venta de cusha, que en la cuadra surte a los que quedaron entrampados en el vicio del alcohol. La soledad es mucha, al igual que lo reseco de la boca, la necesidad de un trago, le quema el deseo. Anoche caminaba por aquí, se oye que alguien comenta, pero hoy está más tieso que la muerte, no perdió su porte, ¿de dónde apareció? Era distinto de los demás, amable y respetuoso, se quedó viviendo en nuestro barrio para terminar a unos metros de la cushera, con la silueta de la soledad como compañía, muriendo, como todos, “solos”.
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