F&G Editores publicó recientemente la novela Las flores, de la joven autora Denise Phe–Funchal (Guatemala, 1977), quien con este primer paso se suma a la nutrida nueva ola de participación femenina en la narrativa nacional.
Por: Méndez Vides/Viaje al centro de los libros
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F&G Editores publicó recientemente la novela Las flores, de la joven autora Denise Phe–Funchal (Guatemala, 1977), quien con este primer paso se suma a la nutrida nueva ola de participación femenina en la narrativa nacional. Es satisfactorio leer lo que las nuevas figuras ofrecen, más cuando ya manejan el oficio. La autora se percibe cuidadosa, se preocupa por la estructura y escribe engolosinada, lo que me parece que muestra gran potencial. La novela Las flores es un ejercicio de iniciación literaria, donde se presenta la vida en la ciudad de Guatemala, específicamente en el actual centro histórico depauperado cuando todavía vivía sus “glorias”, si alguna vez las tuvo, en un fluir anacrónico, porque hay páginas donde el lector se siente transportado a la vida del siglo XIX, cuando se transportaban en carruajes y ciertas familias acomodadas vivían en “casonas”, siendo las apariencias tan importantes que se hacía de todo para evitar el desdoro; pero en otras páginas se nos ilustra el siglo XX, con la costumbre de los cigarrillos y el intercambio de colillas, los repartidores en bicicleta reemplazando a los “propios” que iban de casa en casa entregando las participaciones en una ciudad que cabía en la palma de la mano. Digamos que el tiempo es apenas un pasaje de fondo, y que lo que se expone pudo haber sucedido en tiempo de carruajes o de autos, pero lo que importa es la construcción del protagonista, una mujer pervertida y perversa, Madre, que se presta para tener relaciones lésbicas con la criada del cura, para que su eminencia satisfaga el deseo de mirón. Si Madre hubiera sido lesbiana, pues ya, se comprendería, pero no se presenta así, lo que hay es exhibición ante un hombre que supone rector moral de la sociedad. Ella está casada, al esposo lo desprecian la protagonista y la narradora, porque lo ven de lejos, la pareja duerme en camas separadas, es borracho, tiene deudas y su presencia se reduce a la de “padre de los nenes”. La acción comienza cuando un gordo adiposo y medio imbécil (aunque acaudalado) sorprende al cura presenciando en el recinto sagrado la acción erótica de Madre con la criada. El desagradable gordo va a chillarle el espectáculo a su madre anciana y poderosa, para quien el hecho es sucio pero también una oportunidad para casar al hijo asqueroso con la linda y virginal hija adolescente de Madre. El contubernio social y económico salva al cura, preserva la moral, libra a la familia de deudas y el costo es entregar a una linda jovencita al cerdo. No se muestra de parte de la víctima resistencia alguna. Ella no importa, sino Madre. Una buena parte del libro se gasta en los preparativos de la boda, hasta que resulta que la virginal novia está embarazada y no por gracia del Espíritu Santo. Madre la pone a beber unos polvitos para hacerla abortar, pero la mata. La joven agoniza a media boda, el gordo se vuelve tierno y la cuida como marido afectado. Madre se mantiene firme, nada le hace mella, ni la caída del cura desde el campanario. Ella representa el egoísmo total en medio de una sociedad hipócrita, en una ciudad que no se salvará de la ruina. |
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