No hay duda que gato escaldado busca el agua fría.
Julio Vielman
No es inusitado encontrar en opinantes y analistas latinoamericanos una propensión a considerar nuestras conductas públicas como vergonzantemente pueriles e inmaduras, con una visión de auto-denigración y con aflicción por lo que naciones más “avanzadas” pudieran pensar de nuestros infantilismos. Podía llamársele una visión lacrimosa de nuestro comportamiento. Un ejemplo de esto se vio en la columna del lunes 10 en este periódico (“Héroe Uribe y villano Correa”) donde, a propósito del reciente zipizape entre Colombia, Ecuador y Venezuela, se leyó: “Seguro que desde afuera deben vernos, a los latinoamericanos, como gente que hace erupción en un momento y rompe relaciones diplomáticas…dice muchas sandeces…”, llama a las armas para luego, “…retira las ofensas, ofrece disculpas, se estrecha las manos… y se palmotea la espalda en señal de desagravio.” A los europeos “se les haría inconcebible un conflicto de este tipo”.
Hay otra manera de ver cómo se manejó el conflicto, surgido de agravios de unos a otros, abiertos o solapados. Hubo actuaciones histriónicas, pero no se llegó a una guerra en la que habrían muerto soldados, aldeanos y otros tantos inocentes, y se habrían devastado las economías de los contendientes. Se llegó a un arreglo.
Cabe pensar, ¿no es este logro mejor que una matanza con tal de sostener la santidad de las fronteras que, de todos modos, hace rato que dejaron de ser vírgenes en la sorda y subterránea contienda ideológica entre los tres?
¿O se preferiría que se siguiera el ejemplo precisamente europeo de la sangrienta y cruel guerra entre las herederas balcánicas de la vieja Yugoslavia, no hace mucho? Lo ocurrido en Sudamérica, ¿no puede verse como un acto de mayor madurez al evitar una guerra, aun a riesgo que nuestros propios lamentadores lo vean como una payasada? A las potenciales víctimas no les debe parecer tan mal, como también a otros ajenos. De todos modos y para el futuro, hay que ver que hubo lecciones aprendidas por agresores y agredidos, tanto por los que arteramente han venido dando socorro y asistencia a una insurgencia vecina, como para los que se vieron compelidos a violar un sagrado precepto del derecho internacional. Todos tendrán mayor cuidado con lo que hacen ahora.
Y en cuanto a la preocupación de las risitas de los europeos, no se puede dejar de pensar que, aunque hasta ahora han tenido paz y estabilidad, por 60 años, de 1917 a 1945, fueron escenario de las dos más terribles guerras en la historia y de los infamantes tiranías, la de Hitler y la de Stalin. No hay duda que gato escaldado busca el agua fría. Lo mismo que pensarán Colombia, Ecuador y Venezuela.
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3 comentarios:
sergio santos: (2008-03-25 22:23:06 horas)
Gracias por el artìculo, muy edificante.
Karen Cancinos: (2008-03-25 17:47:00 horas)
un artículo excelente, felicitaciones
Jorge Sandoval: (2008-03-25 10:47:00 horas)
Buenos dias solo deceo saber la razon por la cual no sali mi comentario.
persistente63@hotmail.com
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3 comentarios: