Si Obama gana las elecciones, el suyo fue un discurso histórico.
Jorge Castañeda
Hay discursos en la Historia que marcan el imaginario social de un pueblo, de una época, de un momento. Casi siempre su destino depende del desenlace político del orador: si el futuro le da la razón o lo desmiente. Desde la elegía que Marco Antonio pronunció en honor a Julio César en la escalinata del Senado Romano, hasta el llamado a la resistencia contra el ocupante alemán del general De Gaulle el 18 de junio de 1940, y la extraordinaria apelación de Churchill a derramar “sangre sudor y lágrimas” para lograr la victoria inglesa sobre el nazismo, la historia del viejo mundo es rica en estos ejemplos. Pero la del nuevo mundo no se queda atrás. El discurso de Lincoln en el campo ensangrentando de Gettysburg en 1863 es considerado por muchos como la máxima pieza oratoria de lengua inglesa. Y por supuesto, “la historia me absolverá” de Fidel Castro en 1953 y el mensaje dirigido por Salvador Allende a los “trabajadores de su patria” el 11 de septiembre de 1973 desde La Moneda, en ruinas bajo las bombas de Pincochet, son ejemplos a la altura de los anteriores.
Incluso, más cerca de nosotros y más trágicamente, no conservo por lo menos en mi memoria, texto más conmovedor y potente que el que pronunció López Portillo el 1 diciembre de 1976 en el Auditorio Nacional. La retórica europea parca y erudita no le pide nada al lirismo norteamericano de calidad (Roosevelt “no tenemos nada que temer más que el temor mismo”), se quedan atrás de la gran oratoria latinoamericana, por desgracia esporádica y localizada.
Es imposible saber a estas alturas si Barack Obama será el próximo candidato del partido Demócrata a la Presidencia de Estados Unidos ni si se transformará en el siguiente ocupante de la Casa Blanca, mucho menos si se convertirá en el gran Presidente que Estados Unidos necesita para redimirse ante sí mismo y ante el mundo por sus pecados y desgracias contemporáneas. Y el veredicto sobre el discurso pronunciado por el senador afroamericano del estado de Illinois el día de ayer sobre el tema racial y la política en los Estados Unidos dependerá en gran medida de la suerte de su campaña. Si gana, se tratará de un discurso fundacional, si pierde, no pasará de ser una mera nota de pie de página de la historia de los derrotados.
Pero lo que ya podemos afirmar es que se trató de un extraordinario pronunciamiento de una especie en extinción: el político pensante, didáctico, valiente, y que carga en su mochila, como el soldado de Napoleón, el bastón de mariscal en potencia. Obama logró condenar a su sacerdote extremista e incendiario sin repudiarlo y explicando las razones de su coraje y resentimiento. Supo identificar su experiencia personal “soy hijo de padre africano de Kenia y de madre blanca de Kansas” e identificar sus orígenes, su conquista del sueño americano con el de su país en general. Supo ubicar el dilema y el desgarramiento de la comunidad afroamericana con su propia experiencia y supo colocar todo ello en el contexto histórico iniciado y definido por el pecado original de la esclavitud.
Pudo encontrar el tono justo para deslindarse del extremismo resentido y comprensible de la juventud negra enardecida y a la vez de la complacencia y corrección política del liberalismo norteamericano condenado al fracaso: “Tan no puedo desligarme del reverendo Wright ni de sus excesos, ni de la comunidad negra, como tampoco puedo hacerlo de mi abuela Blanca quien me quiso más que a nada en el mundo, pero que en varias ocasiones me confesó el miedo que sentía al ver pasar a un hombre negro en la noche o recurría con frecuencia a epítetos racistas que me provocaban escalofríos”.
Situó el indudable problema generado por su creciente apoyo prácticamente unánime en el seno de la comunidad afroamericana, con la necesidad de superar las divisiones étnico raciales de la sociedad norteamericana. Y sugirió, no muy subliminalmente que digamos, que solo alguien como él puede conducir esa separación.
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5 comentarios:
Javier Hernandez: (2008-06-02 11:27:31 horas)
Mas que opinion quisiera saber donde puedo conseguir los discursos de:
Marco Antonio pronunció en honor a Julio César, el del general De Gaulle el 18 de junio de 1940, el de Churchill a derramar “sangre sudor y lágrimas”, y el discurso de Lincoln en el campo ensangrentando de Gettysburg en 1863. ojala y me puedan ayudar a obtenerlos
Ervin S. López Aguilar: (2008-03-25 17:27:02 horas)
Es trascendental para el mundo que en la silla presidencial de USA este un afroamericano porque marca el inicio de la transformación de una sociedad racista y excluyente.
Don Jorge Castañeda, me gustó su artículo, pues da a entender que lo que dicen los triunfadores, pasa a la historia como algo hermoso, pero lo que dice un perdedor, no pasa de ser la opinión de un baboso.
A proposito si sus tatarabuelos son de Zacapa yo los tengo.
Cesar Rivera: (2008-03-25 14:17:46 horas)
Opino que no es lo mismo "verla venir que venir con ella". Consecuentemente, si Obama llegase a gobernar, no creo que le sea posible "conducir esa separación" avivada por radicales como Jesse Jackson y otros, incluído el pastor Wright.
Cesar Rivera: (2008-03-25 14:16:51 horas)
Opino que no es lo mismo "verla venir que venir con ella".
Consecuentemente, si Obama llegase a gobernar, no creo que le sea posible "conducir esa separación" avivada por radicales como Jesse Jackson y otros, incluído el pastor Wright.
5 comentarios: