Si hay algo parecido a la gloria literaria, se me pasó hace varias horas la parada. Con lo que me agencio de regalías no me alcanzaría siquiera para invitar a una cena decente a mi editora. Me encuentro frente al ordenador, tecleando y retecleando, pero con dos manos sumamente invisibles.
Al principio se pusieron bastante pálidas, digamos incoloras. Perdieron el color. A la larga desaparecieron del todo. Soy eso que Handke llamaría… pero ¿para qué citar Handke, a tales alturas? Si hay alguien que no necesita ser citado (puesto que todo el mundo lo cita excesivamente) es a Handke. De plano cuando él escribe no le cuesta nada verse las propias manos. Seguro las tiene hasta chapuditas, de lo tan acreditadas. Si yo fuera un poco más envidioso (de lo que en toda evidencia soy) ya estaría buscando un machete largo como la noche, para coleccionar un buen par de manos austriacas y meterlas en la nevera, junto al helado Pops. Y es que bufar se puede. Pero en última instancia no se trata de eso. A veces se me acercan los indecisos, a preguntarme si vale tanto la pena, el viaje del escritor. Y yo les muestro las manos. Ligerito se van por donde vinieron. Mi punto exactamente: para escribir hay que saber dialogar con el desierto. Si no sabés dialogar con el desierto, entonces no te metás a esta mierda de la escritura. Ser escritor viene a ser lo mismo que exiliado polaco en Ecuador en los años cincuenta por decir algo. Y como ya dije: bufar se vale, incluso perder la fe, pero lloriquear, eso jamás. Hay tantos escritores que, miserablemente, le echan la culpa a Guatemala, porque nunca levantó vuelo su carrera. Tan congestionados, tan sobradamente frustrados están que necesitan imputar culpas a una abstracción. Frustrados estamos todos, pero nos ahorramos las bajezas. La literatura es una mujer por quien bien vale perder la cabeza. Y las manos.
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4 comentarios:
Josué Morales: (2008-03-28 13:10:44 horas)
Comentario aplicable con las modificaciones necesarias a todo aquel (pintor, actor, director, escultor) que debereas se quiera dedicar al oficio...sin culpar a nadie... por decición, lucura/libertad propia
Maurice E. : (2008-03-27 17:11:36 horas)
Y, gracias, Marcela, por tomarte el tiempo de darnos un poco de Canetti. Pasan los años y Canetti es que jamás se marchita. m.
Rudinsky Korado, el escritorzuelo: (2008-03-27 16:15:27 horas)
Tan famoso es Peter Handke, que si ni siquiera sé como se pronuncia su nombre. Es más fácil enojarse, enfadarse, ponerse como la gran diabla o chingada, que Bufar… a palabrita tan rebuscada. Con razón tanta frustración, si tan fácil es escribir soliloquios, pero difícil que nos comprendan.
Un escritor es un comunicador, no un sembrador de palabras en el desierto. Un escritor no se compra ni se vende. Si quieres hacerte rico en Guatemala: conviértete en mercader, dedícate al comercio, política o fútbol. Escribir para un jurado o para tus colegas no te convierte en escritor. Un vago ocioso no puede pretender ser escritor, sino tiene vocación. La literatura no es una ramera, y no basta tomar la pluma solo porque ya me aburrí de masturbarme.
Marcela Gereda: (2008-03-27 11:26:48 horas)
EXELENTE MAURICE!!!
Dice Elias Canetti en su discurso sobre"EL oficio del Escritor":
“Pues lo cierto es que, hoy en día, nadie puede llamarse escritor si no pone seriamente en duda su derecho a serlo. Quien no tome consciencia de la situación del mundo en el que vivimos, difícilmente tendrá algo que decir sobre él” (Canetti, 350).
“Mientras haya gente-y hay, desde luego, más de uno-que asuma esta responsabilidad por las palabras y las sienta con la máxima intensidad al reconocer un fracaso total, tendremos derecho a conservar una palabra que ha signado siempre a los autores de las obras esenciales de la humanidad, obras sin las cuales no tendíamos consciencia de lo que realmente constituye a la humanidad…podemos siendo muy severos con la época y con nosotros mismos, llegar a la conclusión de que hoy en día no hay escritores, pero debemos desear apasionadamente que haya unos cuantos…"
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