A menudo, los seres humanos nos encontramos en situaciones en las que tenemos que decidir entre poner en práctica los principios cristianos o dejarnos llevar por nuestra naturaleza humana y aplicar la justicia social. La pregunta es: ¿cuáles son los principios que los líderes políticos deben poner en práctica tanto en el sistema político nacional como internacional?
Quiero poner como ejemplos los casos de las políticas que los líderes estadounidenses persiguieron después de los ataques terroristas de 2001, y la actual decisión del presidente Álvaro Colom de vetar la pena de muerte.
Por una parte, las políticas estadounidenses en el Medio Oriente ahora son criticadas por la mayoría de países en el sistema internacional. Esto, a pesar de que en un principio el caso era totalmente contrario, ya que justo después de los ataques terroristas, la comunidad internacional en general dio su apoyo incondicional al Gobierno del aún presidente de Estados Unidos, George W. Bush (obviamente no podemos tapar el Sol con un dedo y tenemos que reconocer que los motivos por los cuales Estados Unidos decidió ir a Irak ya no son válidos, ya que todos sabemos que Saddam Hussein no tenía armas nucleares). Ahora, tomando en cuenta lo anterior, aún si la comunidad internacional continuara apoyando a Estados Unidos, ¿no iría esto en contra de los principios cristianos de perdonar al prójimo? Y peor aun, no es acaso la decisión de los líderes estadounidenses de continuar en búsqueda de Al Qaeda contraria a todos los principios cristianos que esta nación tanto asegura profesar, y no acaso debería en lugar dar la otra mejilla? La respuesta de seguro para la mayoría de nosotros es muy obvia, si somos de aquellos que seguimos los principios cristianos al pie de la letra (si es que lo hacemos). Sin embargo, ¿acaso alguno de nosotros al ver que una injusticia es cometida ya sea hacia nosotros mismo o hacia alguna otra persona damos la otra mejilla?
Obviamente esta es una pregunta muy difícil de responder, ya que tanto en otros países como en el nuestro, cuando un hecho de injusticia ocurre, se espera que haya una consecuencia que, por lo general, implica que la persona quien comete la injusticia sea castigada. Sin embargo, ahora hago la siguiente pregunta: ¿qué hubiéramos hecho usted o yo en lugar del presidente George W. Bush si nuestro país hubiera sido atacado por un grupo terrorista y miles de nuestros compatriotas hubieran muerto en el mismo? ¿Acaso hubiéramos ofrecido la otra mejilla, o hubiéramos aplicado el principio de ojo por ojo y diente por diente, como Estados Unidos lo hizo?
El motivo por el cual decidí escribir este artículo se debe a que, en muchas ocasiones, los seres humanos nos encontramos en este dilema: o seguimos nuestros principios cristianos y perdonamos al prójimo (lo cual todos sabemos que casi nunca ocurre, tanto en el sistema internacional como en nuestras vidas cotidianas al relacionarnos con otras personas) o aplicamos el principio de ojo por ojo y diente por diente. Sin embargo, el objetivo de este artículo no es proporcionar la respuesta idónea a este dilema, ya que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia respuesta, debido a que al decidir qué hacer, tomamos en cuenta no solo nuestros valores éticos y morales o nuestras creencias religiosas, o las circunstancias en las que nos encontramos al tener que tomar estas decisiones, sino que también observamos si lo ocurrido nos afecta directa o indirectamente. Lo único que persigo al tocar el tema de la justicia social y de los principios cristianos de perdón es hacer un llamado a la reflexión en nuestras vidas para que cuando tengamos que tomar estas decisiones, como el presidente Álvaro Colom lo acaba de hacer al vetar la pena de muerte, lo hagamos no solo tomando en cuenta que la injusticia cometida merece un castigo social, sino que también nos detengamos y meditemos acerca de lo que Jesús dijo: ‘Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda (Mateo 5, 38-42).
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