El día de la marmota… ¿Vio usted esta simpática película? El actor principal Bill Murray que desempeña a Phil, meteorólogo de televisión que trabajaba para una estación de Pensilvania, tiene una personalidad difícil, amarga, terriblemente egocéntrica y trata a su productora Rita (Andie MacDowell) y al camarógrafo Larry (Chris Elliot) con mucho desprecio.
El 2 de febrero de 1992 son enviados a cubrir el anual Día de la Marmota que se celebra cada año en esa misma fecha: cuando los ciudadanos esperan la aparición de este famoso animalito, el cual supuestamente determina la longitud del invierno, por su capacidad de ver su propia sombra.
Ese día Phil queda atrapado en el tiempo: cada mañana deberá repetir el mismo día hasta que lo haga perfecto.
A pesar de todo lo que hace, hasta intentar suicidarse múltiples veces, el despertador lo levanta a las 6:00 de la mañana para que enfrente el nuevo reto: cada día debe dejar de ver su propia vida y prestar atención a los demás. Cuando valore a todas las personas con quienes se encuentra cada 2 de febrero que se repite sin cesar, él podrá pasar al día siguiente, como sucede al final de la película.
El sentido general de este film me hizo reflexionar en mi Guatemala, especialmente en este momento, cuando las nuevas autoridades, después de un arduo y reñido año electoral, tomaron posesión de sus nuevos cargos, y se comienza la agonía de comenzar de nuevo: programas que no tienen continuidad porque fueron desarrollados por autoridades anteriores de otros partidos políticos: como no lo hice yo, no sirve. Se comienzan nuevos diagnósticos, nuevas propuestas que se van implementando dos o tres años después que tomaron posesión, cuando va terminando su período de Gobierno, y que seguramente serán eliminados por los siguientes gobernantes. Despidos masivos de personas capacitadas las cuales son sustituidas por otras, que no conocen lo realizado en secretarías, ministerios, hospitales, municipalidades, entre otros. Archivos vacíos, no solo físicamente, sino borrados de las computadoras como si fueran de su propiedad. Arcas vacías que dan el argumento de no poder invertir, ni ejecutar sus planes de trabajo ofrecidos en campaña “porque no tienen dinero”, y además de todo, ¡entidades de Gobierno central y municipalidades comprometidas y endeudadas millonariamente!
¿Qué país o municipio puede pasar al día de mañana, si está comenzando de cero después de cada período electoral? ¿Cuándo podremos salir del subdesarrollo si cada nuevo gobernante impone sus políticas, proyectos, personal y presupuesto cada cuatro años?
Me hace reflexionar en los miles, millones de ciudadanos y ciudadanas que seguimos tolerando estos atropellos, y permitiendo que nuestras comunidades, municipios, departamentos, y todo nuestro país sea de los últimos del mundo en el verdadero desarrollo.
¿Quién puede llegar a la meta si siempre regresa al punto de partida? Contribuyamos para que Guatemala no se quede en su día de la marmota, exijamos pasar al día de mañana, al desarrollo para todos.
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