El sostenimiento de muchas familias depende de material que otros consideran inservible, que reciclan por categorías para obtener hierro.
Por: Erick Girón
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Láminas galvanizadas, partes de vehículos, estructuras metálicas y otros objetos forman montículos de chatarra en terrenos de casi 20 metros cuadrados. Lo que para la mayoría de guatemaltecos es basura, objetos oxidados o en mal estado, es la fuente de ingresos para el sostenimiento de numerosas familias que se dedican al reciclaje de la chatarra. Las nueve chatarreras ubicadas en la colonia El Milagro del municipio de Mixco, cuatro de Villa Nueva, una de San Miguel Petapa y otra más en Amatitlán son las más grandes del departamento de Guatemala, y reciben a diario docenas de camiones cargados de chatarra. Así empieza la revitalización de un material que termina en las siderúrgicas más grandes del país para reciclar el hierro. La mayoría de partes de vehículos que son fabricadas con metales sólidos, como las piezas de los motores, son clasificadas de primera clase. Para eso deben tener mínimo de entre media pulgada y un octavo de pulgada de grosor. Estructuras metálicas como costaneras, perfiles y angulares son catalogados de segunda; la lámina galvanizada, puertas, loderas y carrocerías de vehículos, además de envases de lata de jugo, leche en polvo y pinturas son clasificados de tercera. Quienes se dedican a este negocio pagan por un quintal de chatarra de primera Q75, por la de segunda y tercera 65; una medida estándar de 22 quintales de primera la pagan a Q1,652, la segunda y tercera se negocia a Q1,430. Napoleón Ramos, propietario de una recicladora, indicó que “por la demanda en la construcción creció el negocio de la chatarra, que antes se tiraba en el lago de Amatitlán o en los ríos de la costa, y que en Belice enterraban”. |
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