Guardaespaldas de “Juancho” León formaron parte de la PNC y del MP. Tras el asesinato, huyeron y fueron capturados con armas similares a las que se encuentran en la escena del crimen. Se presume que estos podrían estar involucrados en la masacre.
Por: Equipo de investigación
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Los 30 grados centígrados, temperatura habitual de Zacapa, nunca fueron inconveniente para que Juan José León Ardón vistiera camisa de manga larga, botas vaqueras y un fino sombrero; los pantalones de lona y cinturón con hebilla pronunciada también formaban parte de su vestuario. Parecía un uniforme, siempre acompañaba su vestuario con un par de cadenas y pulseras gruesas de varios quilates de oro. Más de 20 hombres siempre acompañaban a León, tanto que el pasado 25 de marzo, algunos de ellos perdieron la vida junto a él. El 26 de marzo, elPeriódico mostraba en su portada la fotografía de Juancho León, un mito entre los carteles del narcotráfico, cuyo rostro finalmente se hacía público, abatido a tiros en una de las masacres más sanguinarias registradas en Zacapa. Más de 30 hombres, narran testigos, ejecutaron a Juancho León y sus hombres. Lo entraron a matar. Más de ocho carros llenos de sicarios huyeron con dirección a Honduras. Diez años atrás, la historia de Juan León no era la misma. Provenía de una familia desintegrada, sus principales ingresos los obtenía de la agricultura y de pastorear ganado. A decir de sus vecinos, una de sus primeras actividades delictivas fue el robo de ganado. “Era un buen negociante, afianzarse de contactos para su posterior venta, era una de sus cualidades”. Cinco hombres trabajaban para él. Esto fue en los noventa. En 1992 la prensa titulaba la extradición del ex alcalde de Zacapa, Arnoldo Vargas, a quien el Gobierno estadounidense acusó de traficar drogas. El trabajo de Vargas empezó una década atrás. “Vargas era acompañado por un séquito de guardaespaldas, entre ellos destacaba Byron Berganza, uno de sus principales hombres de confianza. Tras la aprehensión del ex jefe edil, este tomó su lugar. Sin embargo, menos de una década duró su poderío, en 1996 la Policía encontró una avioneta con 359 kilogramos de cocaína en la finca Guacamayo, propiedad de Berganza y a principios de los años 2000 el extinto Departamento de Operaciones Antinarcóticas (Doan), le confiscó mil kilogramos de coca, sus días ya estaban contados. El 11 de septiembre, Berganza fue extraditado al norte, por tráfico de drogas con carteles colombianos y mexicanos. Dentro de los hombres de confianza de Berganza, sobresalía Juancho León. Su mal carácter y su decisión de cumplir cualquier tarea encomendada eran determinantes para pertenecer al equipo de Berganza; sin embargo, otro elemento lo destacaba del resto del grupo. Fuentes cercanas a León, aseguran que “era muy hábil para negociar con quien fuera, incluso con altas esferas policíacas, además poseía contactos a todos los niveles, era el principio de su prosperidad”. En 1997, la Policía incautó cien kilos de cocaína en la colonia Ulises Rojas, en Villa Nueva, lugar donde vivía León; sin embargo se le dejó en libertad. En mayo de 1998 fue detenido por tráfico de drogas pero de nuevo lo absolvieron. Casamiento, prosperidad y poder de “Juancho” La importancia de Juancho subió aún más cuando contrajo matrimonio con Marta Lorenzana, hija de Waldemar Lorenzana, señalado de usurpar fincas estatales en Petén y vinculado extraoficialmente al narcotráfico. Su luna de miel duró poco. En 2002 se registró una matanza en la aldea la Pepesca, Río Hondo, diez hombres de Juancho perdieron la vida. Del incidente giraron dos hipótesis, una que había sido protagonizada por un grupo de narcos de la región, entre los que se contaban hombres de Otto Herrera, la otra aseguraba que se trataba de una venganza de una familia de Zacapa. La Policía no realizó investigaciones. En 2003, asesinaron a Mario León, hermano de Juancho, en Izabal. Además sufrió un atentado en la primera semana de marzo, la balacera duró más de 10 minutos, el escenario fue la aldea Pata Galana, Río Hondo, Zacapa. Por estos días, Juancho era un hombre tosco, que utilizaba palabras soeces en sus conversaciones, era desconfiado y altanero. Solía apropiarse de las cosas materiales que le gustaban, esto incluía desde carros hasta ganado. Juancho se afanada en decir que estos serían sus mejores cuatros años, pero había acelerado su adicción al alcohol y a la inhalación de cocaína. Además, se sospecha que había formado un grupo de sicarios que operaba en territorio nacional, principalmente en la Terminal de la zona 4; se les atribuyen decenas de muertes extrajudiciales por encargo. “Era un tipo sanguinario, mataba a quien se le enfrentaba. No se tocaba el alma para deshacerse de sus enemigos”, asegura uno de sus vecinos de infancia en Los Amates. Además, por estos años se aficionó a comprar carros de doble transmisión de lujo, adquirió fincas; en Izabal contaba con lanchas, motos de agua y vehículos último modelo de gran lujo a su servicio. Existen reportes antinarcóticos, que señalan que a inicios de los años 2000, Juancho amplió su territorio de control y compró varias fincas ganaderas en el área de Coatepeque, Mazatenango y San Marcos, donde sembró terror en el área. Ninguna de sus múltiples propiedades o bienes fue registrada a su nombre. Solo dos carros y una desaparecida empresa se encuentran en registros oficiales. Además, a partir de 2004 el nombre de Juancho León estuvo implicado en las múltiples amenazas que se dieron contra inversionistas de hidroeléctricas del Oriente del país, particularmente en Río Hondo. “Él estaba detrás de poblaciones que se levantaban contra la creación de hidroeléctricas. Estos eran territorios ocupados por su red de narcotráfico donde se sembraba droga y luego, porque pretendía coaccionar para que los empresarios le pagaran millonarias cifras para obtener el permiso de operar en lo que él consideraba sus territorios”, relata un ex funcionario del Ministerio de Energía y Minas que conoció el caso. Hoy día, tras el asesinato de Juancho, las autoridades de Gobernación argumentan que el control de su grupo, podría estar a cargo de Haroldo Waldemar León Lara, contra quien existe una orden de captura que data de 2002. La competencia Paralelo al efervescente crecimiento de León Ardón, otro grupo avanzaba en el tráfico de drogas. Si bien es cierto que Vargas ha sido uno de los primeros narcotraficantes guatemaltecos en sostener relaciones directas con los productores de cocaína en Colombia, en la región del oriente, surge Otto Herrera, quien superó a Vargas en transportar fuertes cargamentos de estupefacientes. La estructura de Herrera se convirtió en el brazo derecho del cartel del Golfo, cuyos orígenes son del norte y Golfo de México. Las operaciones de Herrera, quien también fue extraditado a Estados Unidos por tráfico de drogas el año pasado, lograron transportar droga en los departamentos de Izabal, Petén, Zacapa, Chiquimula, el noreste de Quiché, Alta Verapaz, norte de Baja Verapaz y el norte de Jutiapa. Tras su aprehensión, Jorge Mario Paredes, alias el gordo Paredes, se convirtió en el principal testaferro de Herrera, un año después, una petición internacional de captura por narcotráfico se hizo pública. Hoy se encuentra prófugo de la justicia. Fuentes policíacas dan cuenta que el gordo Paredes opera en el departamento de Petén y Belice, en transacciones que van hacia México. Según fuentes antinarcóticas, los espacios del tráfico de droga abandonados por Herrera y Paredes, debido a su persecución por la justicia, fueron aprovechados por Juancho. Su territorio para transportar droga era Petén, Izabal, Zacapa y Chiquimula. Sin embargo, los hombres de Juancho en los últimos dos años se habían convertido en “quitacargas”, es decir, robaban cargas de cocaína a otros grupos de narcos y luego la revendían. En estos operativos extraoficialmente se conoce que participaban algunos agentes policíacos. El cartel del Golfo es uno de los dos grupos mexicanos que ingresan droga a Estados Unidos a más de 25 millones de consumidores de aquel país, se caracteriza por utilizar a Los Zetas. PNC, cómplice silenciosa en el lugar de los hechos Fue un operativo para aniquilar a Juancho. Basta con ver la escena del crimen para descifrar que el ataque era más que dirigido, expresa un militar retirado consultado por elPeriódico. Según narran testigos, más de 30 hombres tuvieron a cargo la operación, no hubo transacción, ni intercambio de palabras, solo el hallazgo de US$325 mil. Lo entraron a matar. Más de ocho carros llenos de sicarios huyeron con dirección a Honduras. Al menos 15 hombres acompañaban a otro grupo que se quedó en los alrededores. Ellos repelieron el ataque, pero los victimarios llevaban más armas y estaban decididos a acabarlos. El bastón chino (RPG7) los distrajo. Primero el fuego y después la maniobra, el ataque para asesinarlo se consumó en 30 minutos. Al llegar al lugar Juancho apenas descendía de su camioneta blindada. Los once muertos no tuvieron oportunidad de disparar, el piloto del Hilux placas P-783 DGZ, ni siquiera le dio tiempo de apagar las luces. Durante los 30 minutos que se suscitó el ataque, ni la patrulla destacada en Montegrande, Río Hondo, mucho menos la ubicada en Río Chiquito llegaron a la masacre, las dos estaban a no menos de 15 minutos del lugar. Tampoco detuvieron a los carros sospechosos que se dirigían a gran velocidad hacia Honduras. Otras cuatro patrullas se ubicaban ese día a inmediaciones de Santa Cruz hasta llegar al kilómetro 91, ninguna actuó tras el tiroteo. Los agentes de la PNC que realizaron los peritajes en la escena del crimen, un día después del incidente fueron trasladados. El ataque del martes pasado es frecuente en los estados de Guerrero, Tijuana, Veracruz; cuando un grupo de sicarios del narcotráfico denominado Los Zetas cobran venganza. La noticia ha llamado la atención de funcionarios mexicanos, en el país se encuentra personal de la Policía Federal Investigadora (AFI). |
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