Durante la Semana Santa desapareció el Neige, nuestro gato. Volvimos del asueto a encontrar a los zanates festinando con el concentrado.
Con los días nos llegó el rumor que algún vecino del condominio, molesto por los afanes peregrinos del animal y sus andares soberanos sobre tapias y tejados, había decidido acabar con la sinuosa sombra blanca. Darle bocado, pues. No me cupo duda. Hay algo en los modos displicentes y aristocráticos del felino que hace saltar los resortes del acomplejado guatemalteco. Su odio latente hacia todo aquello que no anda por la vida rastrero y mendicante.
El bocado es una institución chapina con la cual se zanja conflictos de convivencia. Aquí no existen instancias para resolver las inevitables fricciones entre vecinos, y si las hay, nadie las emplea.
¿Para qué tomarse la molestia (o el riesgo) de hacer incómodos reclamos o de buscar una engorrosa mediación si con el veneno se pueden acallar los irritantes aullidos del perro a medianoche, impedir la invasión de un cerdo a nuestro solar o acabar de un solo con la incordia de un gato intruso? Dar bocado es un crimen con saña. El acto cruel y rencoroso de un individuo que hace así pagar a otros su impotencia y frustración ante una afrenta, sea dicho, a su justo derecho a un sueño tranquilo o un espacio libre de intromisiones. Y aquí no pasó nada. Los hechos más siniestros suelen suceder así, en medio de un violento silencio.
Pero el bocado emponzoña más que al animal. Mis hijos han llorado la desaparición extrajudicial de su mascota y ahora ven con suspicacia y recelo a todos los vecinos del condominio. ¿Quién de todos habrá sido el depredador, subrepticio como un chiflón helado, que mató los gatos del vecindario?
¿Quién el criminal que tomó la justicia en su propia mano escudándose en el cobarde anonimato?
Ni al resguardo de esos reductos en los que nos hemos encerrado espantados de los vicios del país estamos libres de nuestra idiosincrasia. El bocado, nuestra historia y nuestro destino.
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5 comentarios:
Olga Villalta: (2008-04-01 11:46:23 horas)
Aunque algunas/os les parece cursi que se ocupen las columnas para hablar de "mascotas", me encantó el artículo. Porque no se trata unicamente de lamentar la muerte del gato, sino de la perversidad humana que se refleja en el hecho. Hace unos 4 años en la colonia donde vivo, algunos vecinos molestos por la presencia de gatos en el vecindario, les dieron bocados. Los pobres gatos aparecieron muertos en cualquier lado. Mi gato llamado Neto se salvó por dos razones: La primera es que ya estaba castrado y salía poco al vecindario, la segunda que se alimenta de comida artificial por lo que si acaso se topó con "bocados" no le apeteció. Cuando viajo hay una vecina que amorosamente le viene a dar de comer y su respectivo cariñito.
En la casa paterna siempre hubo muchos animales conviviendo con nosotras/os y por ello lamento que en las casas de la ciudad sea tan difícil tener perros, gatos, pollos, etc. Tener afecto a los animales no nos quita lo humano, al contrario nos hace más humanos.
alfonso villacorta: (2008-03-31 18:33:57 horas)
Interesante modo de amar a los animales, entiendase mascotas, dejandolas que den rienda suelta a sus afanes peregrinos del animal y sus andares soberanos sobre tapias y tejados, y peor aun dejandolas solas mientras se van por dias.
Los perros asesinos atacan por descuido de sus duenos.
Si existiera una sociedad protectora de animales, los propietarios de los animales daminificados serian los primeros amonestados por "deshumano" descuido...
Tener un vecino o familiar que les cuide las mascotas mientras se van de vacaciones son de las cosas que hay que prever al momento de adquirirlas.
Claudia Núñez: (2008-03-31 15:47:41 horas)
Hola María Olga, qué lamentable acontecimiento. Yo sé lo que la pérdida de una mascota, querida y apreciada por sus dueños, causa en la familia, principalmente en los niños. Sin importar que se trata de animales (porque no faltará quién diga que si son animales no importa su vida) veamos el nivel de violencia al que ya estamos expuestos en este país. Como bien lo dices, ni en nuestras propias casas estamos a salvo. Te comparto una nota que envié hace pocos días a las opiniones del lector de Siglo XXI, del jueves 20 de marzo. Muchos saludos, Claudia.
Hola María Olga, qué lamentable acontecimiento. Yo sé lo que la pérdida de una mascota, querida y apreciada por sus dueños, causa en la familia, principalmente en los niños. Sin importar que se trata de animales (porque no faltará quién diga que si son animales no importa su vida) veamos el nivel de violencia al que ya estamos expuestos en este país. Como bien lo dices, ni en nuestras propias casas estamos a salvo. Te comparto una nota que envié hace pocos días a las opiniones del lector de Siglo XXI, del jueves 20 de marzo. Muchos saludos, Claudia.
http://www.sigloxxi.com/index.php?link=opinion&opinionid=3851
Claudia Navas: (2008-03-31 13:24:34 horas)
Es terrible que ocurra eso, a mi anteriro gato lo mataron unos patojos que jugaban con una pistola de balines, ambos son actos cobarde sin duda.
5 comentarios: