Cuando viví en España conocí mi tierra desde otra mirada: la mirada de cómo se nos ve a los guatemaltecos desde fuera. El discurso en blanco y negro: maniqueo, de quiénes son “los otros” que llegan a ofrecer a España cierta cúpula de intelectuales mayas y la acogida de ese discurso de muchas agencias de cooperación para reproducir la mirada dicotómica: “mayas” vrs. “mestizos”.
Desde este discurso el país es explicado en términos de “maya” como sinónimo de pobre, oprimido, víctima y el “mestizo” como sinónimo de rico, opresor, capataz.
Me sorprende y me parece deplorable constatar que ciertos compatriotas, no han salido de ese discurso, tal como lo escuché el jueves pasado en el foro “Género, Identidad, y exclusión social”.
Una visión construida con sesgos. Sin embargo para muchos intelectuales hay “un pueblo maya” vrs. “un pueblo mestizo”, y cada cual debe pelear por su propio proyecto ideológico y su propio proyecto de nación…Desde esta visión reduccionista y simplista no ha habido mestizaje.
Ese mal llamado “mestizaje” que buscó asimilar al indígena a la “cultura ladina” era un proyecto de los criollos, este no es lo mismo que el mestizaje de la hibridación cultural, el cruce e interacción entre diversas maneras de estar y ver el mundo que han ido ocurriendo a lo largo de nuestra historia.
Cierto es que siempre estamos en construcción de quiénes somos nosotros y quién es la otredad, pero me sorprende la capacidad camaleónica e instrumental de algunos de estos intelectuales mayas.
He visto a algunos de ellos que no son sino figuras de la academia, bailando al son de la Cooperación Internacional, vendiéndose como “mayas puros”, sin aceptar el devenir histórico de los inmensos ríos culturales que fluyen dentro de nosotros. Vi en la Casa de América en Madrid una mujer que ya no usa traje, pero se lo pone para dar conferencias ante el público internacional. A otro intelectual maya le escuché decir que para él “ladino” es sinónimo de Ríos Montt.
El movimiento maya está cooptado por los financiamientos de la Cooperación Internacional, ¿qué pasaría con el movimiento maya si se le cortan los fondos de la cooperación?, quizá la cooperación debería de apoyar de una manera más humana, incluyente y cercana a la realidad multiétnica. El movimiento será de los indígenas y de verdadera emancipación cuando en vez de dividir, busquemos sumar. Será un movimiento de liberación cuando cierta cúpula de intelectuales mayas salga de posturas esencialistas, victimistas y puristas.
Si continuamos embolsonando a los “mayas” y a los “ladinos” en una dicotomía que borra la compleja red de ambigüedades e hibridaciones negamos la oportunidad de otros (los otros que también somos nosotros) a que también ellos se reivindiquen, se reinventen. Las luchas deben ser comunes. Hay tanto que podemos (debemos) aprender unos de otros.
Creo, –con González Ponciano– que el racismo no puede ser reducido a la colisión de etnicidades.
Necesita ser examinado como el resultado de una jerarquía socio–racista, apoyada en las representaciones de la blancura, que sirve a la modernización del Estado y de la economía capitalista, que tiene un poder hegemónico y que cruza fronteras nacionales, culturales y de clase: el racismo no es solo hacia el “indio”, es también hacia el pobre, el “shumo”, el “cholero”, el “looser”, el que no representa los valores de la élite blanca y occidental.
El asunto es mucho más complicado que “darle vuela a la tortilla”, es decir, “que los mayas hagan a los mestizos lo que los mestizos le han hecho a ellos” como pretenden algunos, esto no libera la lucha. Este país está pidiendo a gritos que construyamos un proyecto plural. Un posible terreno de acción conjunta. Si seguimos viéndonos como el colectivo que piensa el mundo en una especie de apartheid, no vamos a llegar muy lejos, pero en cambio, si imaginamos la nación desde la totalidad, si nos sentimos ser una unidad con diferencias, si nos pensamos como una suma articulada, no homogénea, diversa, creo que la suma podría entonces, ser genial.
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