La lógica de lo que sucede en Argentina es sencilla.
Hugo Maúl R.
De nuevas no tienen nada. Ya muchos países han experimentado con ellas en el pasado. Lo único digno de mención es que ahora tales “innovaciones” podrían convertirse ahora en los nuevos signos de los tiempos. Una de estas señales nos llega desde países antiguamente comunistas que buscan promover el desarrollo mediante reformas de corte capitalista. Otra de ellas nos llega desde un país que fue una de las principales potencias del mundo y que gradualmente se ha empobrecido debido a las políticas populistas. El flat tax se ha convertido con el paso del tiempo el régimen de impuesto sobre la renta preferido por muchos países ex comunistas. El tax revolt (revuelta tributaria) se ha convertido hoy en Argentina en la única salida que ven los contribuyentes ante la creciente amenaza del populismo de izquierda.
El famoso, y no bien comprendido, flat tax tiene una lógica simple: tasas bajas combinadas con amplias bases gravables, además, por supuesto, de la simplicidad de cálculo y pago. Países que en el pasado prohibieron la acumulación de capital en manos privadas buscan hoy promover la inversión mediante instrumentos que distorsionen lo menos posible el funcionamiento de la economía de mercado. Como dijo un pequeño empresario: el impuesto sobre la renta equivale a obligar a empresas y trabajadores a laborar forzadamente para el Gobierno durante un determinado tiempo.
Por otro lado, las no bien comprendidas revueltas tributarias también tienen una lógica simple: existe un límite para el nivel de esfuerzo tributario que se le puede exigir al contribuyente. La lógica de lo que sucede en Argentina es sencilla, tal y como lo explicó un obrero argentino entrevistado al respecto: “De cada seis buques cargados de soya para exportación, el Gobierno quiere apropiarse de tres de ellos”. Es comprensible que los agricultores argentinos se nieguen a pagar un impuesto de exportación de casi 50 por ciento.
Ambos signos de los tiempos apuntan en la misma dirección: la necesidad de contar con sistemas tributarios simplificados, transparentes, no confiscatorios y producto de un ejercicio democrático legítimo. Tenemos delante de nosotros la oportunidad para hacer reformas que simplifiquen y hagan más eficiente nuestro sistema tributario actual, pero también existe la amenaza de ideas populistas de izquierda que apuntan en la dirección contraria. Aunque estas “señales de los tiempos” provengan de lugares muy lejanos y, en cierta manera, sujetos a condiciones estructurales e institucionales muy distintas a las nuestras, nada nos cuesta “parar la oreja” y poner nuestras “barbas en remojo”.
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2 comentarios:
sergio licardie V.: (2008-03-31 12:09:32 horas)
El que quiera tener derechos y propiedades tiene que pagar por ello. El que autoriza ese derecho y propiedades se llama gobierno y el producto que ofrece en la compra venta de mercado de esos derechos y propiedades le llamamos impuestos y es un diálogo simple de mercado jurídico. Si reconocemos que existe este tipo de mercado tenemos que comprender que si queremos tener el derecho de tener trabajadores tiene que haber una estructura de diálogo si existe gobierno o un intercambio de opiniones y acuerdo entre las personas. en el cual el gobierno resulta ser juez. En estas condiciones y relaciones de poder y diálogo surge el que el juez (gobierno) tiene proyectos y quiere invertir para desarrollarlos, inventa un impuesto, porque no tiene dinero para desarrollarlo pero si tiene la oportunidad de buscar ingresos aumentando el valor de su oferta (derechos y títulos) pero muchas veces quiere convertirse en el dueño de todo lo que existe de valioso en la sociedad y decide apropiarse de la demanda que le corresponde autorizar. Hay países donde la gente no tiene derechos de propiedad, ni de producir por su cuenta, ni tener trabajadores. Hagan memoria. En otros hay políticos que quieren matar al gallo de los huevos de oro (saludos Tito Monterroso) y deciden explotarlo hasta matarlo. Lo cierto es que la gente busca como defenderse y surgen los mercados informales, el mercado negro, que nadie les hace caso pero que son garantía de libre comercio y se encuentran en todo el mundo. Lo que está ocurriendo en Argentina es un escenario donde creen que por tener poder pueden afectar al mercado agropecuario y sacar de allí como pagar sus proyectos políticos. Lo que está ocurriendo en Cuba también es un escenario para que las clases medias y sus candidatos también observen como se está queriendo abrir al mercado una serie de concesiones que tienen y por las que todo el tiempo acusan a los gobiernos y le piden mas cuando lo que pueden lograr es perder sus derechos actuales. Las ventanas son importantes y hay que tomarlas como ejemplo para ver mejor, siempre y cuando no se tengan anteojeras que solo permiten ver en un sentido.
Estuardo Ibarra: (2008-03-31 11:35:20 horas)
aunque lo que el autor comenta es totalmente valido no faltara quien lo critique por el simple hecho de criticar. La razon de los males de Guatemala es que no hay empleo y lo que deberia estar haciendo el gobierno es incentivando la inversion, pero quien en su sano juicio va a querer invertir en un pais donde las ganancias son penalizadas con mas del 30%, es decir que las empresas trabajan casi 4 meses para el gobierno y lo peor de todo es que trabajan para enriquecer a funcionario corruptos. A mi las tasas de ISR progresivas nunca me han hecho sentido y esa manera de legislar al estilo Robin Hood me parece contraproducente.
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