El maestro de ceremonias debe haber terminado afónico la jornada. Cantó a voz en cuello el himno de Guatemala, disimuló –igual que todos– cuando la banda ejecutó el himno de Centroamérica y derrochó elogios, no escatimó títulos y abundó en adjetivos para presentar a cada orador. Cuando le llegó el turno de ofrecer el micrófono al Presidente, con un chorro de voz que a Pavarotti le hubiera hecho falta, casi estremecido dijo que aquel era el momento non plus ultra del programa.
Y entonces habló Álvaro Colom. Desde un escenario compuesto por la carrocería de dos camiones, junto a una ciénaga reducida por el verano en Los Izotes, Santa María Xalapán, el gobernante fue saludado con los sombreros en alto por cientos de campesinos. Una especie de huerto católico con ofrendas de flores y ayotes, elotes, zanahorias y repollos descansaba a los pies del podio. A tono con los tiempos la banda del pueblo lo recibió con la melodía El rey kiché. Fui invitado a participar en la visita que el Presidente hizo el viernes último a Jalapa.
Menos de 30 minutos necesitaron los dos helicópteros de 13 plazas cada uno que llevan y traen a la comitiva presidencial para llegar. Y no menos de ocho vehículos esperan en el lugar de destino para movilizar al Presidente, a sus custodios y a sus acompañantes, entre los que se cuentan ministros, secretarios, la primera cuñada de la nación, Gloria Torres Casanova, y algún invitado. Todos querrían viajar en la nave que lleva a Colom, pero solo los más cercanos, como la señora Torres, el secretario privado Gustavo Alejos y el ministro de Comunicaciones del mismo apellido, tienen un puesto asegurado. La lista de quiénes van en el helicóptero número uno se estira y encoge en los minutos previos al vuelo. “Usted va con el Presidente”, dice solemne un oficial frente al hangar, solo para corregirse minutos más tarde, “usted va en la número dos”. Y no es hasta que Colom llega y trastoca los planes diciendo “viene conmigo” que se zanja cualquier controversia.
La visita del Presidente a Jalapa fue pospuesta hasta después de la Semana Santa porque, según explicó Colom, no quería llegar con las manos vacías. El Ministerio de Comunicaciones necesitó tiempo para encontrar fondos para iniciar una carretera asfaltada de 42 kilómetros que unirá a Sashico, Jalapa con Sanarate, El Progreso.
Los campesinos aplaudieron las palabras de Colom cuando ofreció mercado seguro y a un precio justo en El Salvador para el maíz y el frijol que se produzca en la zona, deforestada y reseca, en la cual se cultiva también café. Pero más aplaudido, sin duda, fue Mario Estrada, el ex candidato presidencial del sombrero cuyo anuncio radial sugería “no te preocupes mi vida”… y auténtico amo político de la comarca. A él le pidió Colom que subiera al escenario para acompañarlo. Dijo que su partido no hubiera sido capaz de ganar la segunda vuelta electoral en ese distrito sin la contribución de Estrada y la UCN. Y dijo que él sabe ser un político sincero y agradecido. (Continuará)
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