El Estado siempre ha hecho uso de la fuerza para resolver los problemas que surgen en las relaciones con los grupos de presión de la sociedad civil, pero no contra todos sino contra quienes siempre están excluidos de los planes, programas o beneficios que se generan con el esfuerzo de todos. Y esta acción de fuerza, violencia y exclusión consciente, genera a su vez reacciones de resistencia que pueden ser violentas o no, pero que dependen del comportamiento de las fuerzas de seguridad y de la capacidad de los gobernantes para responder a justas reivindicaciones o peticiones de quienes consideran injusta su situación de desplazamiento y abandono.
Para San Juan Sacatepéquez (SJS) se movilizaron más de mil efectivos. Por momentos nos rememoró los años de la guerra, cuando el Ejército tomaba por asalto un pueblo y las súplicas de las mujeres y los gritos de los niños caían en el vacío. No sé cómo se sienten los habitantes de SJS, pero sus ojos y la expresión de sus manos reflejaban la angustia y el terror. No puedo olvidar a las mujeres (siempre ellas) que le salieron al encuentro a las tropas militares y civiles. ¿Las órdenes para ese despliegue prepotente de fuerzas fue dado para defender intereses económicos en ese municipio?
¿Para realizar tres capturas de los llamados líderes, “revoltosos o terroristas”? ¿O fue para tomar el control perdido por ausencia permanente del Estado y la justicia en esa región?
Sea como sea, no vimos ese despliegue en Zacapa, frente a los narcos ni lo hemos visto en áreas protegidas tomadas por familias poderosas señaladas de “narcos”. De los poderosos invasores de áreas protegidas que han inscrito fincas irregularmente, de los capos de la droga y los jefes de las maras tienen nombres, apellidos y ubicación, ¿por qué no se actúa contra ellos? ¿Hay miedo de enfrentarlos o intereses de por medio? Entendemos que es más fácil crear terror en una población desprotegida o capturar a un par de gatos que se meten a redentores, y no de quienes poco a poco se apoderan de las instituciones del Estado. El uso de la fuerza es potestad del Estado, pero no contra los débiles ni contra quienes están exigiendo sus derechos y de quienes esperamos cambios profundos en las estructuras económicas, sociales, políticas, culturales y ambientales del país, cuyas columnas y vigas las están carcomiendo los grandes delincuentes llamados de cuello blanco, señoritos de los años veinte, militares inescrupulosos y aquellos que les cuelgan las cadenas de oro en vez de tener un par de esposas en las manos. El uso de la fuerza es un mal consejo. El uso de la inteligencia y la razón, es el camino y es lo que esperamos.
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