Resulta casi imposible discrepar de las múltiples opiniones vertidas a propósito del cochinero de la elección del PRD. Nada lo justifica ni lo neutraliza: ni el previsible arreglo final (Encinas y Zambrano en la dirección) ni el hecho de que los otros partidos no escogen a sus dirigencias de esta manera, ni la explicación baladí de que solo se trató de irregularidades aisladas. Donde sí me permitiría disentir de los comentarios de la comentocracia (con algunas excepciones aquí y en otras tribunas) es sobre el meollo del problema y la diferencia entre las partes en contienda.
Sostengo, desde hace un par de décadas, relaciones de amistad cordiales –no digo entrañables– con muchos integrantes de Nueva Izquierda: Ortega, Zambrano, Amalia, Arce y más. Por otro lado, aunque lo conozco desde 1988, jamás ha imperado afecto o respeto mutuo, aunque sí una cortesía entre AMLO y yo. Pero nada de ello obsta para afirmar que más allá de divergencias coyunturales –darle la mano a Calderón o no, participar en cercos, tomas de tribuna, bloqueos, etcétera– y de una moderación retórica, muy poco separa en el fondo a los dos bandos. Y quienes piden a gritos con sinceridad o hipocresía, el surgimiento de una izquierda moderna, ilustrada y los demás adjetivos que se le quieran sumar, bien podrían reflexionar sobre un dilema: ¿por qué ninguna de las dos corrientes han podido definirse claramente sobre los pocos pero decisivos temas que hacen la diferencia entre la izquierda que se quiere y la que se tiene?
Si los criterios de deslinde son muy abstractos, no sirven de nada. Hay muchos criterios posibles pero iniciemos con cinco.
1o.: reforma o revolución ¿quién en el PRD está dispuesto a aceptar que “otro mundo no es posible”, y que el statu quo social, económico y político del “capitalismo moderno” es más o menos eterno, por lo menos en lo que a nuestro país y nuestra época se refiere? Ser revolucionario, al menos desde 1789 y por supuesto desde 1917, significa rechazar el statu quo y construir una nueva sociedad, una nueva economía, y en la medida de lo posible, un mundo también nuevo. Ser reformista, desde Kautsky, Bernstein, los mencheviques, y los congresos escisionistas de la III Internacional (Turs Livorno), significa aceptar el orden existente y tratar de mejorar dentro del mismo la suerte de los trabajadores, los pobres, los desamparados. ¿Quién entre los chuchos haría suyas estas consideraciones?
2o.: ¿vía electoral o vía insurreccional–armada? Disyuntiva que no exactamente es de democracia sin adjetivos o de democracia participativa. ¿Quién en el PRD está dispuesto aceptar que la única vía válida para acceder al poder es la electoral y que las demás formas de lucha que persiguen ese propósito, en México y en América Latina, son inaceptables?
3o.: ¿Economía de mercado o retórica del Estado, estatismo, mando sobre los sectores estratégicos?
No se trata solo de aceptar lo evidente: que hoy en día resulta inverosímil cualquier alternativa al capitalismo en cualquiera de sus variantes. Se trata de asumir que dicha aceptación no debe ser resignada, sino positiva, por más que uno considere que muchas de las consecuencias de ese capitalismo son reprobables. El problema no consiste en resignarse ante la imposibilidad de constituir el socialismo en México hoy; el problema yace en asimilar que eso no sería deseable.
Dudo que incluso en la corriente moderada del PRD hoy haya quién haga suya la conversión tipo Enrique IV (París bien vale una misa), del socialismo alemán (Bad Godesberg), francés (Epinay), o español (Suresnes).
4o.: derechos humanos fundamentales, o de primera generación, o sin adjetivos. ¿Hay derechos humanos cuya violación es inaceptable bajo cualquier circunstancia? ¿O hay derechos humanos que deben subsumirse a valores “superiores” como la soberanía, la revolución, el pueblo, la causa?
Y de manera concomitante la 5a. disyuntiva: ¿el respeto a esos derechos humanos es un asunto interno o soberano de cada país, o es un tema de naturaleza supranacional: para todos? En otras palabras ¿alguien en el PRD en la corriente negociadora moderna, reformista y derrotada está dispuesto a deslindarse pública y claramente de los países donde se violan los derechos humanos fundamentales como Cuba?
Francamente, en estos puntos no veo la diferencia entre una corriente y otra, ni vislumbro en el horizonte esa izquierda que muchos en la comentocracia anhelan.
*Ex secretario de Relaciones Exteriores de México. Profesor Universidad de Nueva York.
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