En Santa María, los niños asisten a la escuela en promedio solo tres veces por semana.
Por: Claudia Palma
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De las paredes de la oficina de Juan Abelino Chavaloc pende un mapa calcado a mano de Santa María Chiquimula, Totonicapán. Las estrellitas en cada aldea y paraje simbolizan a las 62 escuelas y colegios de primaria de la zona que albergan a 6 mil niños. “Cada año electoral, desde 1999, los niños se quedan sin refacción escolar”, dice Chavaloc, quien es desde hace cinco años uno de los dos coordinadores educativos en Santa María Chiquimula. “Hemos comprobado que nuestros niños no van a la escuela para aprender. ¡Van a comer!”, dice este maestro con dos décadas de experiencia. En la zona funcionan 3 colegios privados, 41 escuelas oficiales y 18 del Pronade. “El año pasado, de 18 escuelas regulares que tenían una junta escolar constituida, solo 2 recibieron el aporte para la refacción y los útiles”, detalla. “El Estado no es capaz de responder a la demanda. Se crean más escuelas Pronade que solo resuelven el problema de la cobertura, pero no de la calidad, y mientras tanto, las escuelas regulares siguen saturándose de niños”. Santa María Chiquimula es uno de los 44 que engrosan la lista de los municipios priorizados por el Gobierno. El 95 por ciento de sus habitantes en el área rural y el 90 en el casco urbano son analfabetas, según datos de la Oficina de Planificación Municipal. En ella, los niños acuden solo tres veces por semana a estudiar de lunes a miércoles. La asistencia disminuye ostensiblemente el jueves y viernes. ¿La razón? El jueves es día de plaza en la comunidad y el viernes en San Francisco El Alto. Los pequeños acompañan a sus padres para ayudar con las ventas, comparte Chavaloc. |
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