Latitud Televisión, el proyecto impulsado por Alejandro Botrán en el canal 31 de UHF, no logró levantar vuelo. Las mediciones de audiencia local de IBOPE nunca le asignaron más allá de medio punto de rating. Era de esperar que luego de casi dos años de inyectarle capital sin que redituara nada más que pérdidas, Botrán se lanzará a buscar a un socio que supiera del negocio y que sobre todo, tuviera los recursos de programación y de liquidez para poder soportar el lento proceso que va a representar llevarlo al punto de equilibrio. La compra del 70 por ciento de las acciones de Botrán y familia en Latitud Televisión por parte de Televisión Azteca, le pone al consorcio propietario de los canales 3, 7, 11 y 13, un competidor que puede arrancarle audiencia y facturación publicitaria, pero sin que esto represente un incremento de calidad respecto a lo que ya existe.
En términos de competencia, es probable que el grupo de Ricardo Salinas logre pescar un buen porcentaje de anuncios. Durante 2007, los grandes medios de comunicación locales facturaron Q101.2 millones. Hasta octubre de 2007, la pauta publicitaria ascendía a Q101.5 millones, de acuerdo a datos de Ad Bank Center. El peso de la televisión en el mercado publicitario es tal que de cada Q10 pautados recibe Q7. Por supuesto, con la dispersión generada por el crecimiento del cable, la participación de la televisión abierta; se ha reducido en el reparto del pastel. “Desconozco cuáles sean las expectativas de Salinas, pero creo que convertir Latitud en un competidor creíble para los canales de González le va a representar altos costos durante un largo período de tiempo”.
¿Por qué digo esto? En primer lugar: las dos frecuencias de Latitud son de UHF, para cuya recepción sin cable se necesita de una antena especial. En este sentido, los canales de González, en particular el 3 y el 7, llevan las de ganar, por su extensa red de repetidoras, que permiten sintonizarlos sin necesidad de estar suscritos a la televisión de pago. TV Azteca tendrá que gestionar nuevas frecuencias y a la vez, negociar con los distribuidores de cable para ser incluidos entre los canales que estos difunden. Y esto último, como lo comprobó Prensa Libre con Guatevisión, implica esfuerzos y gastos adicionales.
Pero supongamos que logra insertarse en la mayoría de sistemas de cable, ¿qué tiene TV Azteca distinto que no haya ya en la oferta local? ¿Telenovelas? ¿Programas de variedades? ¿Deportes? ¿Tabloides televisivos? El dial está saturado de estos. TV Azteca podría marcar la diferencia si realizara producción local, algo que aparentemente no entra en sus planes, porque lo que los impulsó a negociar Latitud es encontrar un nuevo vehículo para vender lo que ya difunden en México.
Podrían también desarrollar un noticiero que le pusiera punto a los que ya tenemos; sin embargo, la experiencia de Canal 13 de El Salvador nos demuestra que Salinas y sus ejecutivos, al igual que su paisano González y su equipo, siempre están prestos a atender llamaditas de políticos y empresarios para censurar los programas informativos que difunden sus canales.
Vistas así las cosas, la euforia que despertó la llegada de TV Azteca a Guatemala es totalmente injustificada, porque lo que ofrece no es una programación novedosa, ni una posibilidad para difundir la cultura guatemalteca, ni mucho menos ampliar la oferta informativa que uno no ve en la televisión nacional.
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