Estoy cansado, indispuesto, quieto, callado, con sueño; tengo fuerzas más muy pocas, menos ganas u ocurrencias. Me río… por no llorar, soy un niño limitado… mi vida es un malestar, cansado… siempre cansado. Me agoto al estar jugando, a la escuela asisto poco, se me complica aprender, soy pequeño, flaco y tonto. El más chico de la escuela, el más panzón y huesudo, con ganas de descanar, de dormir… sin despertar. Con una vaga utopía de soñar con otra cosa, con una casa bonita, con aptitudes distintas… una vida decorosa. Con deseos e ilusiones, con energía que dure, con sueños con esperanzas, con variopintas virtudes. Con futuro y con amor, con trabajo tesonero, con realizar en mi patria, mis anhelos y deseos.
Quisiera poder correr, jugar, saltar… travesear; quisiera poder creer en alcanzar bienestar. Quisiera pensar muy rápido, aprender, atesorar… conocimientos, vivencias, sabiduría… razón. Quisiera ser yo capaz de trascender en la historia, inspirando cosas buenas, alegrías y rapsodias. Quisiera ser diferente, más fuerte e inteligente, quisiera poder tener… el saber de tanta gente; quisiera estar siempre alerta, siempre chispudo y contento, quisiera poder tejer… alegrías no lamentos. Quisiera ser un doctor o tal vez un ingeniero… exitoso agricultor o alegre agente viajero; tener una casa grande, un carro descapotable, una lancha muy veloz… una vida confortable. Quisiera –al tener mis hijos– que ellos fueran muy felices que tengan lo que no tuve… juguetes y no lombrices. Quisiera con aspavientos, darles todo a todos ellos, verlos siempre muy contentos… sin complejos o atropellos.
Pero el tiempo ya pasó, ya poco se puede hacer… mi cerebro se dañó, mi sueño se echó a perder. La esperanza se marchó, en adelante no importa, me da lo mismo comer, carne, pollo, arroz o tortas; me han dicho que a mis cinco años, el daño está perpetrado, mi cerebro se atrofió, es pequeño y limitado. Podré hacer cosas muy sencillas, seré lerdo y debilucho, si ahora como bastante… tan solo engordaré mucho. Mis padres no lo sabían, me quisieron y me crearon, pero no se percataron, de lo mal que yo comía; su ignorancia, su abandono, su eterna precariedad… provocó que ellos me dieran, comida sin calidad. Ellos al igual que yo… fueron niños desnutridos, les alimentaron mal, tienen cerebros fallidos. La historia que se repite, es trágica, es inclemente… es un círculo vicioso de prisiones o de muerte. La desnutrición provoca, limitación angustiosa, frustración continua y dura… ansiedades espantosas.
Los gobiernos van y vienen, se organizan con vehemencia, pero no para servir, sino para la indecencia; para robar y transar, para enriquecerse pronto… soslayan siempre el deber, el valor y la decencia. Los problemas de nosotros, los niños crónicamente, desnutridos, olvidados, enfermos e indigentes… se agravan, se hacen más grandes, condenando a nuestra patria, a la eterna ineptitud y a la completa desgracia ¡Piénselo!
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